En 2015, como cualquier día, salió de su pueblo para ir a la cabecera municipal, pasó por el edificio de la presidencia y leyó una convocatoria para presentar un proyecto cultural para fortalecer la identidad y los procesos culturales de las comunidades. Ella se reconoce a sí misma como artesana, su familia desde siempre se ha dedicado a realizar aquellas luces que en la noche, en una sincronización perfecta, forman figuras con alegres colores que duran un tiempo fugaz. Una cosa es realizar su trabajo de pirotecnia, otra cosa es presentarlo como un proyecto para concursar para la obtención de financiamiento, ella no tiene experiencia en escribir un proyecto, menos en concursar por recursos, pero también se imagina que si pudiera ganarse ese apoyo, podría enseñar su arte a otras personas.
Finalmente se vence a sí misma, pide asesoría y escribe, con sus recursos y el entendimiento de su arte, un proyecto como dicta la convocatoria, al mismo tiempo anima a sus compañeras y compañeros de oficio, obtiene toda la lista de documentos: copias de credencial de elector, comprobantes de domicilio, carta aval de las autoridades del pueblo, entre otros requisitos, hasta que al final logra ingresar su propuesta en el plazo establecido. El tiempo de espera se torna largo y tortuoso hasta que finalmente le notifican que su proyecto fue aprobado, pocas veces se ha sentido tan contenta, se apresura a comunicar la excelente noticia a sus compañeras y compañeros de aventura, solo existe una pregunta sin resolver, ¿cuándo será la fecha de entrega de los recursos económicos aprobados? Eso quizá no importa porque en ese momento, la enhorabuena es divulgar que su proyecto logró ganar sobre otras propuestas.
Nuevamente el tiempo se ha hecho largo, el 2015 acabó y nunca le entregaron los recursos prometidos, aún cuando ella se mantuvo al pendiente, para inicios de 2016, ya no sabía cómo enfrentar las miradas de sospecha de sus compañeras y compañeros porque suponen que en realidad nunca fue aprobado el proyecto, o peor aún, que los recursos económicos ya fueron gastados por ella. Para colmo, hace unos meses le diagnosticaron cáncer, así su momentánea euforia fue interrumpida por el diagnóstico que no le dejó más alternativa que emprender el tratamiento. Hasta la fecha han sido días duros, afortunadamente su fortaleza y el tratamiento están venciendo a la enfermedad, con toda la fortaleza obtenida ante la adversidad hay algo que no logra aún: una respuesta sin evasiones o plazos sin cumplirse, una fecha para la entrega o no de los recursos ganados por su participación en una convocatoria para “impulsar” la generación de proyectos culturales.
Hasta agosto del año en curso, ella ya perdió la cuenta del número de llamadas realizadas, también hizo el esfuerzo de salir de su pueblo para acudir a las oficinas de la institución convocante en la capital del Estado, a veces siente pena por los rostros angustiados y excusas que servidores públicos le dan para justificar la falta de entrega de recursos. Ella intuye que los cambios de gobierno son así, porque hasta en su pueblo le han dicho que mientras no entre el nuevo gobierno nada se mueve. Ella sí tiene que moverse porque le interesa recuperar la confianza que sus compañeros y compañeras le depositaron cuando a nombre de su grupo y su comunidad ingresaron un proyecto para enseñar el arte de la pirotecnia, de eso hace más de 12 meses, quizá ya es tiempo de entender que esos recursos no llegarán.
Quizá fue ingenua al creer que si ella cumplía con las condiciones y tiempos de la convocatoria, los convocantes también cumplirían su parte. Esta experiencia le está recordando que no debe confiar en las instituciones y sus funcionarios, que se escudan primero en rostros de servidores públicos de ventanilla, luego en tiempos electorales y después en cambios de gobierno para justificar la falta de liberación de recursos económicos. Los funcionarios pueden estar acostumbrados a que su nombre quede en entredicho, ella no puede permitirse eso con su familia, sus vecinos y su pueblo, ahí donde ella creció, la honorabilidad y la palabra aún tienen valor.
Lanzar una convocatoria para la obtención de recursos mediante presentación de proyectos y no cumplir con las condiciones y plazos establecidos, es una excelente forma de matar la iniciativa y creatividad de las mujeres y hombres que piensan que las cosas pueden cambiar para bien, solo que esas y esos emprendedores olvidan que los recursos financieros públicos siguen siendo botín de algunos que saben de la impunidad de sus actos.

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