El sábado 8 de diciembre se llevó a cabo la exposición de trabajos realizados en el Taller de arteterapia que se lleva a cabo todos los jueves en las oficinas de AFAPE (Asociación de Familiares y Amigos de Pacientes Esquizofrénicos) para pacientes y familiares con esa enfermedad. El auditorio de la prepa La Salle, ubicado en la colonia Centro, fue la sede donde se expusieron alrededor de 100 productos artísticos con diferentes técnicas (óleo, acrílicos, pastel, vitromosáico, cartonería, encuadernación etcétera); uno de los objetivos de esa exposición es dar a conocer el trabajo del taller gratuito, impartido en la calle de Mina, número 107 colonia Centro, frente al Museo de Minería, todos los jueves a las cinco de la tarde a cargo de la docente Iliria Ninelth Gómez Martín.

Aproximadamente, uno por ciento de la población estatal (cifras de la OMS) padece esquizofrenia en la entidad; un grupo vulnerable, con múltiples estigmas dentro de la sociedad. Existen limitadas opciones y sedes para su tratamiento en Hidalgo.

La esquizofrenia es una enfermedad que debe tratarse lo antes posible con el fin de controlar sus síntomas, de lo contrario incrementan los riesgos de que se agudice el aislamiento y alucinaciones.

Ese padecimiento afecta a alrededor del uno por ciento de la población hidalguense, sin embargo, no existen datos precisos, tampoco los hay a nivel nacional ni internacional; sus causas se atribuyen a la herencia genética.

En Hidalgo, comprendería alrededor de 28 mil 784 personas, con base en una proyección de densidad demográfica del Consejo Nacional de Población (Conapo).

En AFAPE se están dando una serie de talleres artísticos para fortalecer esas redes y dar herramientas para generar un vínculo de comunicación estrecho y solido con cada paciente, familiar y amigo, tratando de hacer de lado un diagnóstico clínico que etiqueta y no permite ver más que la enfermedad mental, para acercarnos sin prejuicios al descubrimiento de una persona.

El arte mismo surge de la diferencia y la expresa, sin embargo, hay muchas personas que precisamente por su condición de “diferente” han sido excluidas de la vida social y también del arte, tener una enfermedad mental es una condición severamente marginada en nuestra cultura, se ha segregado al grado de ser excluida de muchas experiencias de la vida, que por derecho disfrutamos.

Para modificar la manera como se mira, se trata, se conceptualiza, se margina y excluye, se frena o impide de formas sutiles o evidentes de discriminación, el mecanismo a usar es el de la educación artística inclusiva, ese enfoque implica que todos los participantes de esa comunidad, sin importar las diferencias de las condiciones personales, sociales o culturales aprendan juntos, por eso es importante la participación de la ciudadanía en general.

El objeto de la educación artística inclusiva es dar un espacio en el que el paciente pueda recibir educación en un ambiente en el que las diferencias se toman en cuenta, se valoran y respetan, en el que son reconocidos como personas únicas y singulares, sujetos de derechos, más allá de las etiquetas y estigmas, en el que puedan desarrollar su presencia y participación activa, su sentido de pertenencia, la construcción de su propia identidad.

Los talleres buscan motivar y acercar a los pacientes al arte, más allá del dominio de las técnicas; se quiere ser un generador de procesos que respete el tiempo y los ritmos personales, generar confianza en sus talentos creadores de los participantes.

Aceptar la diversidad significa asumir la diferencia como un elemento que enriquece el diálogo y la participación social.

La exclusión y discriminación que han vivido los pacientes esquizofrénicos solo puede ser revertida y compensada a través de estrategias de inclusión que permitan abatir todas las barreras físicas, sociales y culturales que impiden su plena participación y pertenencia; nada hay tan efectivo para derribar nuestros prejuicios como la convivencia con quienes han sido etiquetados como “diferentes”, en el trato cotidiano que nos permite descubrir que, más allá de las diferencias, hay semejanzas e identidades esenciales que nos ligan y nos obligan a la colaboración, la solidaridad y la sana interdependencia.

Todavía queda mucho camino por delante, sobre todo en la concientización de los derechos humanos, mismos de los que son sujetos los pacientes, en la inclusión social y en visibilizar el desinterés estatal y federal por atender la problemática que envuelve el tener una enfermedad con esas características. Otra gran necesidad es la de difundir información de calidad al respecto y evitar la desinformación que promueva la estigmatización o discriminación, ya que gran parte de esas conductas sociales ocasionan el rechazo a los pacientes.

Unamos fuerzas para hacer un frente común, con familiares, psicólogos y docentes para recuperar la confianza en nosotros mismos como sociedad y aprendamos a superar con amor, paciencia y compasión las heridas que nos hemos provocado por la falta de información veraz o las cargas innecesarias de estrés o aceptar vivir con mentes condicionadas al engaño y el prejuicio. En nuestra voluntad existe la esperanza de dar a esta comunidad el aliento para compartir las distintas manifestaciones del arte y la cultura, junto con la oportunidad de explorar en los lenguajes artísticos sus talentos expresivos y creativos.

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