Si bien las posibilidades de crecimiento para los artistas y científicos de México son prácticamente nulas, debemos evitar claudicar a toda costa; evitar en la medida de lo posible las fugas de cerebros e impedir nuestra sumisión a las políticas de un Estado fascista y represor, México es nuestro país no el de un grupúsculo de traidores. Debemos construir y seguir gestionando proyectos, también desde lo individual, pero básicamente a partir de la colectividad, aquí la importancia de los colectivos en donde la solidaridad, el respeto y la tolerancia resultan fundamentales. Y comienza por autoreconocerse en los zapatos del otro, como igual, independientemente del nivel o categoría académica, vivencial o desarrollo creativo de cada sujeto. Aunque, como señala el investigador y gestor cultural Antonio Cíntora: “Hay resistencia a ver en la gestión de proyectos culturales y artísticos una herramienta privilegiada para el trabajo con distintas comunidades. La gestión de proyectos en territorio, la investigación de campo, la difusión de casos exitosos, conforman un conjunto de prácticas que están lejos aún de profesionalizarse y de figurar entre las principales estrategias de intervención en materia de política pública del Estado mexicano”.
Esto es real, pero los proyectos y acciones no debemos de pararlos ya que en sí mismos se vuelven herramientas de resistencia por un lado, y armas que tarde o temprano utilizamos para revertir las políticas mezquinas y mediocres del Estado y los gobiernos en turno, por el otro.Es decir, crear para resistir; resistir para existir y existir para vivir, se vuelve una ecuación fundamental en estos momentos. Ya hemos advertido y hoy ha quedado demostrado y la razón nos asiste, que no hay mucho futuro con la calaña de candidatos que nos están imponiendo. En ese sentido, las soluciones para reconstruir una sociedad justa, libre y digna, según podemos comenzar a ver, una vez más no estará en los gobiernos que repetirán otra vez los mismos errores y las mismas prácticas del capitalismo en contra de la nación. Las soluciones están en la sociedad civil, una sociedad que ha madurado y ahora construye autonomías; construye sus propias relaciones comerciales; construye sus propias formas de autogobernarse y organizarse; construye soluciones a problemáticas concretas y crea proyectos alternativos efectivos. Así lo han demostrado cientos de comunidades indígenas y así es como se construye también la propuesta del consejo indígena de gobierno a través de la vocera María de Jesús Patricio Marichuy.
Sin embargo, muchos de esos proyectos, si fueran propuestos al gobierno, seguirán debatiéndose entre la vida y la muerte en los escritorios de los prominentes burócratas o con el mediocre criterio de algún “mando medio” de algún mezquino secretario de estado.
Y mientras hay gente que está sentada escribiendo “EL” proyecto de nación, la sociedad civil está tomando acción y construyendo la nación que quiere; se está organizando; mientras los “dinosaurios” dicen que “están moviendo a México”, la sociedad ya lo trata de reconstruir. Pero la pregunta es ¿alguien está haciendo caso a lo que propone y pone en práctica la sociedad civil? La triste respuesta, es no.
En ese sentido, lo propuesto y lo hecho desde el arte y la ciencia a nivel comunitario, desde el trabajo concreto en territorio, hasta sus repercusiones académicas, no puede parar ni pasar de largo en este proceso de reconstrucción de un país secuestrado por un puñado de traidores y cobardes que ya vienen otra vez con nuevos disfraces y nombres. No estamos hablando de inventar el hilo negro, sino de proyectos que vienen funcionando, que están probados y que tienen extraordinarios resultados. Desde la creación de sistemas autosuficientes y sustentables en la construcción de huertos familiares que plantean soluciones a la crisis alimentaria del país, hasta el trabajo comunitario dentro de las cárceles utilizando al arte como práctica de la libertad que coadyuva en los procesos de reinserción de los presos a la sociedad. Esos son apenas dos ejemplos de una gama de alternativas que la sociedad civil, desde la resistencia y la acción, ha planteado con la ciencia y el arte.
Por eso la importancia de que los artistas y científicos sigamos sumando esfuerzos con nuestro pueblo y no nos dejemos intimidar con erradas estrategias de desarrollo social diseñadas por los políticos de tercera que están enquistados en el sistema y quieren seguir mamando como parásitos de las ubres del pueblo. La resistencia es un hecho pero también es tiempo de que pasemos a la acción.

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