Arturo Galván Fernández: odontólogo y aviador

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Arturo Galván Fernández,odontólogo y aviador

Pachuca.- Las actividades profesionales de Arturo Galván Fernández han sido intensas. Algunas sin coincidencias, cirujano dentista y larga estadía en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, y, su afición, gusto, pilotaje de aviones.

“En ambas funciones, esenciales en mi existencia, he caminado con paso seguro. Nunca me he rendido”, declara.

Recopila de sus ayeres, y comenta que es agradecido con lo que su destino le ha trazado. Eso le ha permitido conocer a quienes se distinguen en fomentar la docencia, investigación, infraestructura, que permiten la consolidación de planteles.

Y se refiere en particular a Gerardo Sosa Castelán, presidente del Patronato Universitario.

Suma a Javier Trejo Corrales, quien lo relacionó con Manuel Sánchez Vite, lustros atrás, gobernador de Hidalgo.

Los analiza en sus personalidades contrastantes.

“Sosa Castelán, irrefrenable buscador de mejores horizontes para la institución. Desde que era dirigente estudiantil, fincó un propósito: desarrollo en todos los órdenes. Esto ha permitido, inobjetable, que la UAEH, nuestra UAEH, sea una de las cinco mejores del país. Es impulsor de una nueva, pero no menos larga era. Se sabe. Se reconoce.

“Tiene amplio y objetivo panorama de cómo debe planearse a largo plazo. Ya rector, estableció un plan de actualización de personal académico y para desarrollo de infraestructura.

“Genera programas de atención social. Y en lo que yo asumí, profesores y alumnos incidieron como promotores de la salud bucal.

“El mejor deseo de otras universidades es que persista un absoluto respeto a su autonomía. La nuestra, y lo expreso así, en posesivo, porque en ella me formé, es envidiable. Todo se traslada en beneficio de la juventud hidalguense.”

De Sánchez Vite, cita, en episodio del pasado.

“Recio, decidido, a veces pocas palabras y también de advertencias precisas, que calaban. Gracias a mi amigo Javier (Trejo Corrales) lo conocí; trabajé con él.”

Surgió nueva escuela

Participó Galván Fernández durante la década de 1970 en la constitución de la Escuela de Odontología de la UAEH.

Eso, lo considera un ejemplo más del valor de la autonomía.

“Es coadyuvar con un problema social, al consolidar la libertad implícita en el ejercicio de su autonomía. No hacerse a un lado y esperar, quién sabe cuándo, sino ser solidarios con todos los entornos, con el real deseo de servir.”

Del entramado de sus raíces, Galván Fernández, dice: “Mi padre era de Sinaloa, mi mamá, de Pachuca, en donde nos asentamos. Yo tenía tres meses”.

Estudió la primaria en la Escuela Americana, una parte, y en la Julián Villagrán. Secundaria y bachillerato en lo que era el Instituto Científico Literario Autónomo (ICLA), y después en la UNAM, egresando como cirujano dentista, cima de su vocación, especializándose en rehabilitación bucal.

Que si fue buen alumno, responde: “Logré un 90 por ciento, por lo menos, en materias teóricas. Nunca sufrí el desconsuelo que me reprobaran”.

Pavor en el consultorio

Acepta que pacientes afectados por un malestar bucodental exteriorizan su pavor en el consultorio de un dentista; unos menos, otros más.

“Siempre lo entendí, pero los tranquilizaba. No provocaba dolor, cuidadoso en mis intervenciones. Comprendía. Empecé a trabajar con pacientes al tercer año de mis cursos.”

Parece que engaña cuando comenta que tiene 73 años, nació el 27 de abril de 1945, representa menos. Fuerte, conserva cabello y buen humor.

Nunca ha fumado. Advierte de los peligros del tabaquismo, “y del alcohol…”.

“Intuí que me preguntaría: modesto bebedor social, y de vez en cuando; ni recuerdo la última vez.”

Arturo Galván Fernández,odontólogo y aviador

Volar a Las Piedras

Incorporado a la administración de Manuel Sánchez Vite supo de los imprevistos, y de aterrizajes forzosos.

“En ese tiempo reportaron un problema fuerte en Las Piedras, comunidad de Huejutla.
“Se produjo un enfrentamiento, tres o cuatro muertos, y heridos. Y don Manuel dijo: ‘Hay que ir por ellos.”

Era director de la Policía judicial Víctor Manuel Calva.

“Había otro piloto. Argumentó que no era viable. Señaló al horizonte: nubes bajas, grises. Insistió: ‘imposible’.

“Sutil, intervine, estaba el gobernador. Y le dije: lo puedo hacer.

“Cuestionó Sánchez Vite: ‘¿Cómo, está nublado?

“Expliqué: volaré más arriba; por instrumentos.

“Me miró, y repuso: ‘regrese en hora y media, máximo dos. Si no, mandaré por sus despojos.

“Volví en hora y media con los lesionados. Felizmente indemne; nadie pidió mis despojos.”

Estuvo alrededor de tres años.

Aterrizajes forzosos

Recuerda al doctor Otoniel Miranda. “Fui a México a dejar un avión, y el doctor (Miranda) me dijo que si yo estaba de acuerdo nos regresábamos en su aeroplano.

Acepté. En el retorno a Pachuca empezó a fallar el motor y le advertí que tendríamos que hacer un aterrizaje forzoso.

“Busqué un campo, el que en apariencia presentaba menos obstáculos, y me perfilé. Tocamos tierra sin problema. ¿Impresionados? Quizá sí.

“Tuve otro accidente, casi frente al hotel Sahara. Era un avión ya deteriorado. Venía con el capitán Fernando Hernández. Y así, como se lo expreso, el avión se rompió. No nos pasó nada.

“Fueron dos; afortunado, no se registró un tercero.

Sincero, refiere: “Por el momento no experimenté nada. Soy creyente, pero sí di gracias, intensamente. Lo llamé accidente retardado”.

Jorge Rojo Lugo fue el siguiente mandatario estatal. El doctor Galván Hernández era director de aeropuertos y habló con él para sugerirle que se adquiriera un helicóptero.

“Dígame, dígame, pidió. Extremadamente correcto.

“Aceptó. Era práctico para los traslados que frecuentemente realizaba. No abundaban las pistas de aterrizaje.”

También colaboró con el arquitecto Guillermo Rossell. Estuvo un año.

Oferta educativa

Cuando Galván Fernández ingresó a la universidad, el director de la Escuela de Medicina era el doctor Nicolás Soto Oliver, quien llamó a todos los dentistas en Hidalgo, a iniciativa del entonces rector Jesús Ángeles Contreras, para ampliar la oferta educativa de la institución.

El propósito era crear la Escuela de Odontología.

Asistieron alrededor de 20 de los convocados. Escucharon lo que todavía era un proyecto.

“La mayoría fueron ambiguos en sus puntos de vista, yo estuve de acuerdo. Convencido de lo que se pretendía. Esto fue en 1974.

“El doctor Soto Oliver me pidió que llevara adelante el tema. Invité a amigos y se formó una comisión. No los olvido: Carlos Castelán Estrada, Eloísa Santibáñez, Manuel Chávez, Vicente Ordóñez y Miguel Antón.

“Iniciamos trabajos. En el tapete, abiertos, pros y contras. Nos auxiliamos del sector gubernamental, Salud, para conocer la realidad en Hidalgo de incidencias bucodentales.

“Así ya, elaboramos un plan de estudios.

“Entonces la mejor escuela era la de San Luis Potosí. Seguían, la Escuela Médico Dental Militar, y la tercera, la UNAM.

“Armamos el mejor plan de estudio de la época, acorde con la información que teníamos de Hidalgo.

“Empezamos entre mayo y junio de ese 74, y quedó listo para turnarlo al honorable Consejo Universitario, ya en diciembre, concluido.

“Se aceptó. El 8 de enero de 1975 formalmente ya había Escuela de Odontología en la UAEH.”

Soto Oliver le encargó a Galván Fernández que a través de una comisión coordinadora elaborara planes, programas y presupuestos.

Con aulas prestadas

“Empezamos a funcionar el 4 de marzo del 75, en instalaciones de la Escuela de Medicina. Eran dos aulas prestadas y 44 alumnos.

“La primera bienvenida a clase, como materia, fue anatomía dental, la impartí.”

El 17 de abril fue nombrado director, por cuatro años.

“En ese arranque las condiciones eran difíciles, diferencias abismales, si se me permite, del infierno a la tierra. Ahora es el paraíso.

“El licenciado Sosa Castelán, dirigente estudiantil entonces, nos respaldó al gestionar apoyos para los laboratorios. La misma forma solidaria se mantuvo al ser secretario general de la casa de estudios y posteriormente rector.

“Necesitábamos espacio para laboratorios. Los ubicamos en los sótanos abandonados del hospital civil. Más adelante, por hoy, en el Instituto de Ciencias de la Salud, en La Concepción, los mejores equipos.”

Deporte y grandes bandas

Desde hace 22 años está casado con la licenciada Rosalva Meneses Noeggerath, directora de la Escuela Superior de Tlahuelilpan, también del entorno de la UAEH.
Deletrea el segundo apellido, de origen alemán.

Y agrega: “Si se permite, su nombre, Rosalva, con uve”.

Arturo Galván atesora páginas imborrables en su existencia, es hombre feliz, gusta de deportes. En beisbol, primera base, aunque no es zurdo, y sólido bateador.

Sabe de la música de las grandes bandas: Glenn Miller, Benny Goodman, aunque no entra en conflicto en reconocimientos a géneros. Los contemporáneos.

Todos los directores

En aquel tiempo, fue convocado a un congreso de directores y lo eligieron secretario del Colegio Nacional de Directores de Escuelas y Facultades de Odontología.

Como docente fungió 32 años. Fue fundador de la Asociación de Maestros de Medio y Tiempo Completo, y el sexto dirigente, en orden cronológico, del Sindicato de Personal Académico. Interino, tras el sentido deceso de José María Sánchez.

Arturo Galván Fernández,odontólogo y aviador

En ambas funciones, esenciales en mi existencia, he caminado con paso seguro. Nunca me he rendido

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