Asael Hernández Cerón inició su segundo periodo al frente del comité directivo estatal del PAN con un enemigo más. Desde antes de asumir el cargo, el domingo pasado, la ofensiva estaba solfeada. Durante su toma de protesta huestes del diputado local Cipriano Charrez advirtieron que el expresidente municipal de Tezontepec de Aldama fraguaba su destitución como coordinador de la bancada blanquiazul en el Congreso local. Ese fin de semana ahí estaban, sentados uno junto del otro, teniendo como testigo de la conspiración al exgobernador poblano Rafael Moreno Valle. Ambos sabían que la traición era cuestión de horas. Sin mediar explicación, el miércoles Asael procedió: retiró a Charrez y puso en su lugar al diputado Luis Baños, provocando una fractura interna entre los congresistas azules. El representante por Ixmiquilpan acusó al dirigente de Acción Nacional de actuar con alevosía, ya que faltó a su palabra de que permanecería como coordinador de la bancada a cambio de no contender por la dirigencia estatal albiazul por allá de septiembre de 2016. ¿Qué hay detrás de esa acción?, siendo que Charrez puso a disposición de su correligionario todo su capital político en la reciente contienda en la que Asael resultó electo. ¿Es posible que el presidente del partido corrompa principios como la lealtad? Sí, sí lo es. Con esa decisión Hernández Cerón, más allá de la deshonestidad, envía un mensaje de turbulencia al interior de su instituto político. Otra pregunta de tantas que habrá: ¿qué garantías ofrece a sus gobernados, a sus correligionarios, a la ciudadanía que buscarán conquistar con el voto?, absolutamente ninguna. La última bribonada de Asael nos vuelve a la memoria el desencuentro con su excompañero de fórmula Prisco Manuel Gutiérrez, con quien rompió por ambiciones particulares como cuando impuso a su delfín Manolo Gutiérrez como candidato a la alcaldía de Xochiatipan. En el panismo, el hidalguense en especial, la división es una rancia costumbre, y Asael, el artífice de la divergencia. De filón. Tutelado por su aura priista, el líder del sindicato de personal al servicio del ayuntamiento de Pachuca Percy Espinosa pretendía servirse con la cuchara grande en la última revisión contractual.

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