12 de junio de 2018. Madrid, España. Medios nacionales e internacionales reportan un acuerdo entre el conjunto merengue y Julen Lopetegui, quien sucederá a Zinedine Zidane en la dirección técnica del tricampeón de la Champions League. Un día después, y a solo dos días del arranque del Mundial de Rusia, el estratega en cuestión es despedido categóricamente por negociar a espaldas de la Real Federación Española de Futbol. La selección se queda sin entrenador y es eliminada en penales ante el local.

Lopetegui, enclaustrado en el ojo del huracán mediático y convertido en el eje central de la polémica, voló de vuelta a la madre patria para estrechar la mano de Florentino Pérez. Si bien igualar las hazañas de Zizou resulta una tarea titánica para cualquiera, el estratega español confiaba en dejarse arrastrar por la inercia ganadora del club blanco. No obstante, los planes del nuevo cuerpo técnico comenzaron a desmoronarse apenas terminó la justa mundialista.

Cristiano Ronaldo fue presentado como nuevo jugador de la Juventus. El amago de despedida durante la celebración del tricampeonato europeo se consagró el pasado 10 de julio. Pese a que la marcha de uno de los mejores futbolistas de la historia representó una pérdida irreparable desde cualquier óptica, sobraban razones para pensar que Real Madrid podría reestructurar su esquema táctico sin la presencia del Bicho, he ahí el primer error.

Los madrileños no se reforzaron adecuadamente y, a la fecha, no han sabido balancear el talento de hombres como Bale, Modric, Isco o Benzema. Esto ha desencadenado el declive progresivo de un equipo que, hace unos meses, se antojaba invencible. Desde perder la Supercopa de Europa ante su archirrival conciudadano, pasando por la peor sequía goleadora en más de un siglo de historia hasta acumular cinco partidos sin triunfo.

Algunos medios han responsabilizado al presidente Pérez por la mala planificación de una temporada en la que, sin Cristiano, se debía defender nuevamente el título europeo y reconquistar la liga doméstica. Lo cierto es que, si bien la inconsistencia del Barcelona ayuda a matizar los contrastes, las reacciones de Lopetegui en el banquillo ilustran a la perfección el presente madridista.

Con la mirada perdida, el rostro de piedra y la mente nublada, el exportero ha seguido la inercia equivocada: no ha habido un solo instante en su proceso que no esté envuelto en polémica. No debería sorprender al lector que, a estas alturas, se haya tomado ya la decisión sobre su futuro.

Comentarios