En tiempos electorales, pocos, o nadie, recuerda los derechos de la infancia mexicana. De hecho, desde hace unas cuatro décadas ese segmento de la población se ha relegado en cuanto a atención, recursos y derechos, ya no a una vida digna, a alimentación y educación, sino en cuanto al aprovechamiento y buen uso de su tiempo de ocio.
El tema es alarmante y hasta hoy no hemos visto a [email protected] de ningún partido prometer, planear o discutir nada sobre la niñez mexicana. Para un partido, Movimiento Ciudadano y PAN, si acaso fue objeto de su campaña: Yawi Pérez, el niño indígena wikárika, fue utilizado por el candidato del PAN a la presidencia Ricardo Anaya para interpretar la canción “Movimiento naranja”.
Para la asociación Mexicanos Primero, en su labor de promover el voto, utilizó a niños emulando a los cinco candidatos a la presidencia, razón por la que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación ordenó suspender el promocional, pero no porque los protagonistas fueran niños y niña sino porque “viola la normativa constitucional” sobre la contratación de publicidad para influir en las preferencias electorales.
Ese escenario adverso reciente demuestra que en la política y los políticos todo se vale: hasta ver y usar a la niñez como “gancho”, como objetos o como espectáculo para atraer simpatías o el triunfo mismo. Nada más penoso que se use a la infancia en sus aviesos fines, pero en la realidad no piensen que en México el diagnóstico de la Unicef es: 60 por ciento de la niñez y adolescencia en México viven en la pobreza.
De acuerdo con el Índice de los Derechos de la Niñez Mexicana, las oportunidades son dispares a nivel regional, a pesar de que se ha avanzado en el tema: en el norte de México, la situación de la infancia y de la adolescencia es hasta tres veces mejor que en las entidades del sur. Pero en ninguna entidad es de 10 (escala más alta), apenas se llega al 8.10 (Nuevo León, por ejemplo) contra la escala más baja que se presenta en Guerrero, 2.90.
En la capital del país, la Ciudad de México, pese a ser la de más alto desarrollo por la centralización, excluye a sus niñas, niños y adolescentes con discapacidad.
El 10 por ciento de la población con diabetes (14 millones) en el país corresponde a niñas y niños (Asociación Mexicana de Diabetes).
La tercera parte de la niñez mexicana padece obesidad, es decir, uno de cada tres.
Ese escenario es el que lleva a cuestionar qué realmente importa al país, a los dirigentes y a los candidatos la población en general y esa en particular, que se dice vergonzosamente es el futuro de México, porque revela su visión y su compromiso humano y nacional.
Y este tema pasa por muchos sentidos y aspectos. De ahí que organizaciones civiles se reunieran para signar una carta al presidente de México Enrique Peña Nieto y al presidente del Sistema Integral de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes (SIPINNA) Ricardo Bucio, donde se les solicita su intervención “para que por medio de la comisión sobre tecnologías de la información y contenidos audiovisuales dirigidos a niñas, niños y adolescentes del SIPINNA del cual forma parte RTC, se realicen unos nuevos lineamientos, mediante un estudio serio, consulta pública, y escuchando las recomendaciones de los expertos en la materia”, pues los contenidos mediáticos influyen “en la manera como interpretan la vida, forman sus estilos y comportamientos sociales”, y estos reciben mensajes “inapropiados para ellos de violencia, sexualidad, adicciones y crimen organizado”.
En esa misiva, que firman 18 asociaciones civiles*, se precisan datos que avalan esa solicitud de que hagan su trabajo: cuidar, preservar, garantizar y promover los derechos humanos de la infancia.
“Los contenidos que se transmiten en los medios de comunicación, en especial los de televisión abierta y de paga, llegan a millones de mexicanos dentro de los cuales 35 millones son niños y adolescentes. Para muchos de ellos son su fuente principal de información y entretenimiento, principalmente en los horarios vespertinos y nocturnos.
La protección que se debe a la infancia y a la adolescencia en materia de la comunicación que reciben, obliga a buscar el desarrollo físico, mental, intelectual y moral en esa etapa de la vida, bajo la consideración de que son personas en formación.
Según el estudio presentado por el Instituto Federal de Telecomunicaciones, el 30 de abril, niños y niñas de 4 a 12 años ven en promedio cuatro horas y 46 minutos de televisión abierta al día, siendo los horarios de la tarde y noche en donde más niños consumen sus contenidos; en especial de las 21 a las 22 horas es cuando más niños están viendo televisión.
Una de las problemáticas principales es que aun cuando las normas generales establecen una protección, no se han dado los mecanismos idóneos para conseguirla. Por el contrario, la Secretaría de Gobernación en 2015, y posteriormente en 2017, expidió los lineamientos de clasificación de contenidos, dejando fuera de una protección real de la infancia, ya sea por los criterios ambiguos y poco claros, así como los horarios que establecen.”
Bajo esas razones contundentes, solicitaron a ambos funcionarios “se realicen unos nuevos lineamientos, mediante un estudio serio, consulta pública y escuchando las recomendaciones de los expertos en la materia.” Y aunque van de “salida”, esperamos que tomen nota los aspirantes a dirigir la nación y al SIPINNA.

*Alianza de Maestros
Asociación Nacional Cívica Femenina
Asociación a Favor de lo Mejor, AC
Asociación Mexicana de Defensorías de las Audiencias, AC (AMDA)
Asociación Mexicana de Derecho de la Información (Amedi)
Comunicación Comunitaria, AC
Centro de Estudios de Formación Integral de la Mujer
Defensoría de las Audiencias de Canal 44 y Radio UdeG de la Universidad de Guadalajara
Federación de Escuelas Particulares del Distrito Federal
Federación de Escuelas Particulares del Estado de México
México SOS
Grupo ActivaMente
Observatel
Organización Nacional Anticorrupción (Onea)
Red por los Derechos de la Infancia (Redim)
Red Familia
Suma por la Educación
Unión Nacional de Padres de Familia

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Doctora en ciencias políticas y sociales por la UNAM y especialista en estudios de la mujer por El Colegio de México. Periodista colaboradora en medios desde 1987. Defensora de lectores y articulista del diario Libre por Convicción Independiente de Hidalgo. Integrante del consejo editorial de la agencia de noticias Comunicación e Información de la Mujer AC. Docente universitaria desde 1995 en la UNAM. Profesora investigadora de tiempo completo en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo desde 2008. Integrante y cocoordinadora del grupo de investigación Género y Comunicación en la Asociación Mexicana de Investigadores de la Comunicación. Línea de investigación y publicaciones sobre periodismo, comunicación y género.