¿Quién fue Aspasia? ¿Por qué recordarla? ¿Qué hizo? ¿Qué tiene que ver con Grecia? De esta emblemática mujer que llevó por nombre Aspasia, no se tienen datos con exactitud, de cuándo nació y cuándo murió, pero el mejor testigo de ella fue la bella Grecia que la vio resplandecer en ese mundo maravilloso. Para introducirnos en su vida, primeramente recordemos que Grecia fue una ciudad donde florecieron y se iniciaron aspectos fundamentales que hoy en día son llevados a cabo en algunos países, como por ejemplo la democracia surgida para defensa de la tiranía, en virtud de que la ecclesía (asamblea de ciudadanos) tenía el poder en ese entonces para desterrar por determinado tiempo a cualquier ciudadano que, según ellos, lo consideraban como peligroso para el pueblo, escudándose además, de que el destierro no significa perder su ciudadanía.

Parte importante en Grecia fue la aparición de Pericles en el siglo V, al cual se le designó como “Siglo de Pericles” porque fue un gran político que marcó con “letras de oro” su paso por el poder, resaltando la importancia a la democracia. Mandó construir obras de gran trascendencia para la humanidad, como fue el símbolo de Atenas, el Partenón, la Acrópolis, el tempo de Nike, con el dinero que aportaban los aliados y las ciencias, dando con esto gran belleza a la ciudad de Atenas, rodeándose de artistas y escritores; también en el siglo V Atenas sufrió las tres Guerras Médicas contra los persas, siendo en la segunda cuando el rey persa Jerjes atacó Atenas y destruyó la Acrópolis, pero no ganó la batalla y los persas tuvieron que retirarse (Civitatis, sf), aspecto que incrementó su poderío marítimo para formar una confederación. Esa victoria incrementó su poder sobre las demás polis y fue precisamente en ese momento cuando Pericles conoció a esta gran mujer, Aspasia.

Justo en una época donde la tolerancia era muy escasa, la retórica un desconocido as bajo la manga y la sociedad un nudo de ideas masculinas, las mujeres lograron tener un pequeño espacio donde compartían su conocimiento, ya que se consideraban mujeres muy cultas, aunque también no era aceptado que el sexo femenino tuviera acceso a la educación, a esa solo podían acudir cierto tipo de familias, las que tenían cargos especiales dentro de la sociedad en la que se desenvolvían y sus hijas hasta cierto grado podían tener estudios. Las Hetarias abrieron sus puertas al diálogo, la elocuencia y la inteligencia que acompañaban a Aspasia.

Si hay algo más bello que las historias, es que las cuenten correctamente, y eso no lo logra cualquier persona, gracias a una buena educación y a múltiples factores que intervinieron para que Aspasia se convirtiera en la mujer brillante, no solo por su belleza sino también por su conocimiento (Solana Dueso, 1994).

Hasta ahora, la vida de Aspasia suena bastante bien, ser una mujer culta, reconocida, admirada y respetada; tal vez sean características que a día de hoy suenan tan comunes en nuestra época. Pero recordemos que los días en que Aspasia le tocó vivir no fueron los mejores para una vida con decencia en las condiciones que ella presentaba. Si bien su profesión la obligaba a trasladarse de un sitio a otro, ya que como filóloga se dedicaba precisamente a recopilar información de lugares y contar la historia de manera elocuente, con gracia y estética. Era todo un arte.

Salvo en la parte que mencionamos los condicionamientos que presentaba ser parte de la comunidad de Atenas, pero nacida en Mileto y además ser mujer. Si algo distinguía a esa ciudad y en especial a la antigua Grecia, era su rigor como parte de su organización social. Las mujeres y los extranjeros no tomaban decisiones importantes. Si bien las mujeres no tenían voz y voto en general, eran carentes de vida pública, en Grecia nacer mujer era ser objeto, uno que era poseído y que su única utilidad era hacer hijos, uno que no podía opinar y aunque lo hiciera, no tenía valor alguno (Solana Dueso, 1994).

En Atenas, Aspasia dirigía un burdel, lugar en el que se da a conocer entre gente culta, personas con reconocimiento social y es también el lugar que marcó su romance con Pericles. Un hombre de poder, político y experto en la palabra, participante activo en la asamblea, por lo tanto, en las decisiones de la ciudad. Una vez que se conocieron sintieron la química y al poco tiempo se convirtieron en amantes, con el tiempo, Pericles tomó la decisión de dejar a su primera esposa y casarse con Aspasia, fue aquí donde comenzó su sentencia (Solana Dueso, 1994).

La vida de esa bella mujer fue un misterio, nació en Mileto, aproximadamente en el año 470 aC, quizá su padre fue Axico o Rhodos, de profesión escultor. A temprana edad inició su aprendizaje en la lectura y leía las obras de poetas y filósofos, en especial las de Pitágoras, de ahí que aprendió que en el cosmos todo es número y armonía. Su unión con Pericles inició en el año 445 y hasta la muerte de él, en el 429 aC; posteriormente se casó con Lisides, su segundo marido en 427; por lo que su vida pública fue únicamente cuando estuvo casada.

Seguido del matrimonio, vino una serie de burlas por la singular pareja, sátiras y comedias eran exhibidas con el fin de ridiculizarla; además, no bastándoles con ello, la sentenciaron a un juicio por impía y libertina, pero no fue capaz siquiera de defenderse por sí sola, pues fue su esposo Pericles quien declaró para que los jueces la perdonaran. Es aquí donde remarcamos que aún con la inteligencia, el conocimiento o la habilidad, no fueron suficientes para que su palabra tuviera el peso suficiente, que su verdad no fuera legitima a no ser que viniera de un hombre. En este caso es muy notorio que aunque ella fuera una mujer brillante en todos los aspectos, no podía hacer uso de la palabra para defenderse, aun cuando tenía poder y había despertado la admiración y respeto de los grandes filósofos, artistas e ilustres demócratas ya que las mujeres no podían hablar, únicamente los hombres eran aceptados.

Así fue como Aspasia quedó a la sombra de su esposo, fue así que la escondieron, que su voz quedó perdida en el tiempo, pero su presencia se la arrancamos al viento para decir al mundo que aquí está, la mujer que participó en las decisiones del mejor gobierno que pudo tener Atenas, que se ganó el respeto y la admiración de toda una ciudad a pulso, pues con el tiempo, la reconocieron tanto que los grandes personajes que acudían a su burdel pedían que sus mujeres la escucharan para que aprendieran y también adquirieran un poco de esas grandes virtudes que distinguieron a esa gran mujer.

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