Aspiraciones rotas

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Juan Antonio Taguenca Belmonte

K aspiraba a construir narraciones con sustancia, es decir, a que no quedara todo lo que escribía en insustancial vacuidad. Para ello tendía a explayarse de forma innecesaria, utilizando prolegómenos interminables y ampulosos, de esos que aburren mortalmente.
Abusaba de eso que se suele llamar ambigüedad discursiva y sus frases estaban llenas de expresiones oscuras, de enunciados nebulosos nacidos de algún recóndito lugar de su atribulado espíritu.
K releía una y otra vez sus escritos para aclararse, en primer lugar, a él mismo como escritor y, en segundo lugar, para dar luz a aquellas ideas nacidas de las oquedades cavernarias de su ser.
Afilaba el verbo y el verbo nacía romo y sin fuerza, como si una fuerza lo hubiera aplastado antes de nacer, transformándolo en algo inservible desde el primer momento. Buscaba cómo cambiarlo para que fuera, pero se quedaba en el vano intento de una pretensión.
Huía a los silencios y nacía de él un borbotón de sustantivos sin sustancia. Su quehacer quedaba entonces trunco. Leía lo recién escrito interiormente y solo lograba angustiarse por las fatuidades que había escrito. Se quebrantaba en su propia voz inarticulada que coincidía con las resquebrajadas líneas.
¿Sería ese verdaderamente su lugar, el de la escritura?, ¿dónde había quedado su aspiración de ser un buen escritor? De nada le servían esas preguntas que no solo lo ninguneaban como autor, sino que también lo asomaban al olvido.
Si el verbo se había hecho hombre, en su caso el hombre se había convertido en verbo desgarrado, en caos. Se esforzaba, sin embargo, por encontrar claridades diáfanas que alegraran su corazón, pero pocas veces unía las palabras de forma bella.
Pasaba los días triste, con sus aspiraciones rotas. No lograba escribir desde hacía algún tiempo sus historias. Debía conformarse con el ruido del papel al ser arrugado y caer en el cesto.
“Mañana será otro día”, se decía mirando la sonrisa de M concentrada en una labor que la hacía feliz. En esos momentos envidiaba su tranquilidad y encanto; y esa imagen de ella, en ese estado de gracia, era una alegría que lo llevaba al renacer de las palabras transparentes.

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Doctor en ciencias políticas y sociología por la Universidad Autónoma de Barcelona, maestro en análisis y gestión de la ciencia y la tecnología por la Universidad Carlos III de Madrid. Profesor investigador de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo. Autor de varios libros y artículos indexados. Columnista de Libre por convicción Independiente de Hidalgo.