Mito: beber alcohol mata neuronas

Esta idea ha sido empleada como argumento de los abstencionistas desde el siglo XIX, pero carece de bases científicas.
Diversas pruebas practicadas a individuos alcohólicos y abstemios no mostraron diferencias significativas en la densidad de neuronas entre unos y otros; de hecho, se ha demostrado que el consumo moderado de alcohol favorece la cognición intelectual, pues aumenta los receptores neuronales. El abuso del alcohol sí provoca —en muchos casos— daños graves a largo plazo al hígado, y de inmediato al cerebro, pues impide que las neuronas puedan hacer sinapsis; esa es la razón por la que los ebrios no pueden coordinar sus movimientos, expresiones o ideas.
Cuando tenemos resaca y nos duele la cabeza, ese dolor no proviene del cerebro, pues este carece de terminales nerviosas; lo que nos duele es la membrana que recubre al cerebro y que se retrae por la deshidratación que produce el alcohol. Por otro lado, el síndrome de abstinencia sí puede dañar el cerebro y el sistema nervioso de quienes sufren de alcoholismo, debido a la intensa actividad de las neuronas que, habituadas a recibir un determinado volumen de alcohol, terminan por colapsar.

Algarabía editorial se complace en presentar Es que no me entiendes. ¡Lenguaje femenino vs lenguaje masculino! Escrito por María del Pilar Montes de Oca Sicilia —lingüista de vocación y profesión— en el que aborda de manera entretenida los avatares, enredos y problemas que derivan de la comunicación entre hombres y mujeres.
Parece que los hombres hablan una especie de “masculinés” que definitivamente no se corresponde con el “femeñol” de las mujeres, y esta suposición podría ser cierta, pues los procesos de comunicación entre ambos están conformados por las estructuras sociales, los roles de género y por, aunque usted no lo crea, la biología de cada sexo.
Es que no me entiendes. ¡Lenguaje femenino vs lenguaje masculino! Presenta un compendio de situaciones y explicaciones que lo ayudarán a entender la cara —o lo que intenta decir el sujeto del sexo opuesto, sea hombre o mujer— para que no claudique en su relación y puedan evitarse las posibles rupturas, enamoramientos y divorcios, que generalmente se originan por la mala comunicación y la incomprensión de las palabras del otro.

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