Enrique Peña Nieto es recordado, entre otras cosas, por ser el presidente más desaprobado por los mexicanos: a dos días de terminar su administración, 68 por ciento de la ciudadanía consideró que su trabajo no alcanzaba una calificación aprobatoria, según una encuesta del diario Reforma. Incontables son los pendientes que heredó la malograda administración del oriundo de Atlacomulco y de su equipo de trabajo en varios sectores, por no decir la mayoría. Respecto de los temas prioritarios del país, entre 62 y 69 por ciento de los encuestados consideraron que la violencia, la inseguridad pública, la corrupción en el gobierno y la pobreza aumentaron durante el sexenio. En cuanto a temas como salud, educación, trabajo, corrupción, economía y combate a la pobreza, la opinión de los mexicanos también fue negativa. En lo que respecta al primer rubro, 60 por ciento de los encuestados consideró insuficiente el trabajo del exmandatario. La promesa fue “Salud para todos”, pero el sexenio de Peña concluyó con 83 mil 37 camas para 112 millones de habitantes y tres médicos por cada 2 mil ciudadanos (sexto Informe de Gobierno), cuando la recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) es de entre dos o tres por cada mil. ¿Fue el medio ambiente una prioridad para el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto? La respuesta, aseguran especialistas, es no. Para empezar, únicamente dos de los 266 compromisos firmados ante notario público en campaña fueron acerca del tema y ninguno se cumplió. Estos dos compromisos, un número mínimo, ya eran un indicador de poco interés, según Eduardo Torres, integrante del Seminario Universitario de Estudios sobre Sociedad, Instituciones y Recursos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). En Hidalgo fue evidente la omisión. En 2014 fue presentado un punto de acuerdo en la Cámara de Diputados que ordenaba al gobierno federal atender la contaminación ocasionada por la minera Autlán desde ambos frentes, el ambiental y la salud. No ocurrió. Muy graves son los problemas que se generan hacia la población que habita en municipios aledaños a la empresa extractora de manganeso, pero más grave fue la omisión de las secretarías encargadas de revisar el tema. Y es que a la vieja usanza, minera Autlán, que explota yacimientos en más de mil kilómetros cuadrados de la Sierra hidalguense, realiza obras de beneficio como parte de su responsabilidad social, argumentó el entonces diputado federal y promotor del dictamen Víctor Velasco. Tuvo que llegar la cuarta transformación, y tras varias manifestaciones de grupos ambientalistas, se puso el dedo en la llaga con una auditoría a la minera bajo tres ejes: responsabilidad ambiental, inclusión social y responsabilidad fiscal. Estaremos atentos en qué termina. De filón. Dicen que no hay plazo que no venza, y tras una larga agonía del sector de la construcción, finalmente avanzan las licitaciones de obra pública.

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