Autoconocimiento o suicidio

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Autoconocimiento,suicidio

El apego a no cumplir nuestros deseos como queremos y evitar lo que es inevitable
son algunas de las fuentes de nuestro sufrimiento humano
Sabiduría Oriental

Esta semana se celebró el Día Mundial para la Prevención del Suicidio. En México, cinco de cada 100 mil son víctimas de este mal. La población masculina fue la que registró más casos, pues de los 6 mil 291 fallecidos por esta causa 5 mil 116 eran hombres, lo que representa alrededor del 80 por ciento.

La tasa de suicidios en México ha incrementado, tanto para hombres como para mujeres, a partir de 2010. De acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), para el sexo masculino en 2010 la razón era de siete por cada 100 mil habitantes y esta pasó a nueve en 2016. Para el sexo femenino se registraba un caso por cada 100 mil personas en 2010 y creció a dos en 2016. Las mujeres de entre 15 y 19 años son las que más presentaron casos de suicidio; los hombres registraron tasas de doble dígito desde los 20 hasta los 44 años.

El 80 por ciento de los suicidios cometidos durante 2016 fue mediante ahorcamiento, estrangulamiento o sofocación; un 8 por ciento del total utilizó armas de fuego, 4 por ciento envenenó su cuerpo con plaguicidas, 3 por ciento utilizó sustancias nocivas o químicos, 2 por ciento usó grandes dosis de drogas o medicamentos. En el resto de los casos no se especificó el método.

¿Qué lleva a una persona al suicidio?

Todos tenemos cambios en el estado de ánimo. Si estos cambios se producen dentro de un cierto rango que podemos considerar adaptativo, podremos mantener una autorregulación y seguir con nuestras vidas. Pero cuando llegan a ser extremos, pueden llevarnos a los polos de la manía y la depresión. Para algunos individuos, si las manías llegan a ser extremadamente altas, las depresiones pueden llegar a ser considerablemente fuertes.
Formas similares de esos polos opuestos pueden ser las fantasías y las pesadillas, o los grados extremos de orgullo y vergüenza.

Cuando estamos arriba, maníacos y eufóricos, nuestro cerebro puede quedar inundado por el aumento de dopamina, oxitocina, vasopresina, endorfinas, encefalinas y serotonina. Cuando estamos deprimidos ocurrirá lo contrario y el cortisol, la epinefrina, la norepinefrina, la sustancia P y otros neurotransmisores serán llamados.

Para el doctor John Demartini, si la fantasía maníaca se vuelve extremadamente alta, de forma simultánea puede estar acompañada por una depresión compensatoria de la misma magnitud.

Y si la dopamina se eleva y nos convertimos en adictos a nuestros estados maníacos y a nuestras fantasías, esas depresiones “compensatorias” pueden llegar a ser cada vez más fuertes, apareciendo entonces los pensamientos suicidas, casi como una compensación a nuestras expectativas de vida poco realistas.

Todo aquello que es asociado con la obtención de dopamina se convertirá en apetecible para nosotros y nuestro organismo; nos convertiremos en adictos de estas sustancias autogeneradas. De este modo, si creamos una fantasía que estimula la dopamina, nos volveremos adictos a la fantasía (que a menudo no es más que una expectativa poco realista), nuestra vida fuera de esta ficción podría ser percibida como una pesadilla.

La depresión sería, por tanto, una comparación de los hilos de tensión entre la realidad actual con una fantasía a la que nos estamos volviendo adictos. Si esa fantasía es extremadamente irrazonable o imposible de obtener, los pensamientos suicidas pueden surgir.

Otro iniciador de la depresión puede ser algún comportamiento o pensamiento que nos hace sentir culpables o avergonzados (rupturas, fracasos, violencia). No vemos una solución a la acción considerada responsable (sentimiento de injusticia), y los sentimientos auto-críticos resultantes pueden también conducir a un impulso suicida.

Mírese en el espejo del autoconocimiento.

Continuará…

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