La cloaca que Javier Corral, gobernador de Chihuahua, ha destapado, está cimbrando al gobierno de Enrique Peña Nieto y al PRI, confirmando lo que siempre se ha sabido, que la Secretaría de Hacienda y Crédito Público es la caja grande para financiar sus campañas electorales con dinero público y que son la clave de la perversión de la política y el descarrilamiento del sistema electoral, con la consecuente inequidad y desventaja para los opositores democráticos, como lo hemos visto desde la fraudulenta elección de Carlos Salinas en 1988 y hasta la reciente del Edomex el año pasado, donde de manera vil y descarada compraron la gubernatura para Alfredo del Mazo.
La maquinación al descubierto es solo la punta del iceberg que representa el saqueo del erario nacional en los últimos 30 años de política neoliberal implantada por el salinismo, que llevo a hacer retroceder el crecimiento económico y social del país, el inicio del desmantelamiento de las instituciones y empresas como Pemex y CFE, y la entrega de Telmex, los bancos, los ferrocarriles, Altos Hornos, Mexicana de Aviación, Fertimex y la Compañía de Luz y Fuerza del Centro, entre otras, entregadas al capital trasnacional y sus multimillonarios criollos cómplices del prianismo.
Pero también iniciaron el desmantelamiento del PRI, de los postulados sociales que en su momento lograron crear instituciones sólidas, metiéndolo al carril de mayor corrupción e impunidad que hoy como bola de nieve se les viene encima a estos neopriistas, a esta nueva generación de políticos tricolores que han saqueado sus estados, a quienes EPN presumía como el nuevo PRI, y que serán sepultados en las próximas elecciones. Hoy su candidato Meade va causando pena por todo el país, pues ni sus propios militantes le creen sus propuestas desgastadas: que ahora sí se combatirá la inseguridad, la violencia y corrupción de la que son cómplices y beneficiarios, en sus actos vacíos de contenido y de gente solo están sus aplaudidores, quienes están en la nómina y temen perder sus privilegios.
Hoy en el llamado control de daños que el PRI-gobierno hace para desviar la atención del daño que Javier Corral les está causando, tratan de descalificarlo, pero con mucha torpeza, pues un día la subsecretaria de Hacienda Vanesa Rubio declara públicamente que el gobernador de Chihuahua solo quiere chantajear al gobierno federal con la exigencia de los 700 millones que le adeudan y dos días después ¡ella renuncia para irse a la campaña de Meade!, con esa acción ¿quién les puede creer? También el candidato prianista dice que sí va a combatir a los corruptos, que les hará devolver lo robado y los meterá a la cárcel, ¡ja, pues si él mismo les dio los recursos desviados y no hizo nada! ¿Qué pex? ¡Ya perdieron la brújula!
También ahora pide a los partidos y sus legisladores que ya se nombre al fiscal general de la nación, al fiscal anticorrupción y los magistrados que faltan, los mismos que el PRI y EPN no han podido imponer, pues recordemos que la mayoría de ellos si se nombrarán ahora, estarán en sus cargos cuando menos ocho años, pretendiendo con esto salvar el pellejo de ir a la cárcel, lo que hace ver que saben que serán derrotados y buscan maniatar al próximo presidente para que no se les juzgue; estará por verse si también pierden la mayoría en el Congreso de la Unión.
Lo que se ve, confirma que el gobierno federal está en pleno declive y degradación y eso lo hace muy peligroso, pues como un animal herido, puede defenderse con lo que sea y como sea, lo que significa que intentará un “fraude patriótico”, ya sea robando la elección o con las fuerzas armadas; esto tampoco es tan fácil hacerlo, pues tenemos una ciudadanía que está despertando y un contexto internacional que no lo aceptaría, un elemento positivo que se empieza a observar, es la presentación de controversias constitucionales que están haciendo algunos organismos y gobiernos municipales, lo que nos da cierta pauta a pensar que la Ley de Seguridad Interior peñista no pasará.
Con todo esto que está sucediendo nada indica que el candidato Anaya del llamado Por México al Frente sea el que más capitalice esta cruzada contra la corrupción, pues el PAN y el PRD son cómplices del PRI, beneficiarios del desvió de recursos ya que usan multimillonarios dineros para la compra del voto y su enriquecimiento. Vale revisar desde la elección de 1988, 1994 y 2000 de Cuauhtémoc Cárdenas y las de López Obrador en 2006 y el 2012, que su eje de campaña fue la denuncia del asalto a las arcas nacionales por esos gobiernos corruptos, como también advirtieron de la entrega del patrimonio nacional y las grandes empresas paraestatales pilares del desarrollo a sus socios y negocios particulares, el desmantelamiento del campo mexicano poniendo en riesgo la soberanía alimentaria.
En nada se equivocaron, pues las reformas estructurales confirman la entrega del país, y menos el Peje es un peligro para México. ¿Cómo le van a hacer los panistas divididos y disfrazados de perredistas para ganar el voto popular de miles de trabajadores que perdieron su empleo o sus conquistas laborales, que han sido perseguidos, encarcelados o muertos? Como los trabajadores de la educación, los petroleros, los electricistas del SME, los mineros, los de la aviación, o a los pensionados –a quienes las Afores les roban parte de sus pensiones–, a millones de jóvenes sin oportunidades de estudio ni trabajo, a los trabajadores del campo abandonados, a los desplazados de sus comunidades y a las miles de familias que han perdido un ser querido en la guerra absurda de Felipe Calderón y Peña Nieto. ¡No hay modo, no tienen argumentos ni discurso, ya lo veremos!

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