“Ningún hombre puede tener el derecho de imponer a otro hombre una obligación no escogida, un deber no recompensado o un servicio involuntario” La virtud del egoísmo (1964) Si el mundo es tan perverso o la corrupción es mucha tal vez aún no sea lo suficiente; pareciera ser que el límite llegará cuando los justos se cansen de cargar con el peso de la corrupción en los hombros. El día que decidan tomar posesión de la libertad que les corresponde, ese será el día que las leyes sean para la protección de los hombres, en lugar de encubrir la inmoralidad de los aprovechados, cuando se ejecute la sentencia y logren sentirla tanto como la condena que la provocó, porque: “El capitalismo no es un sistema del pasado; es el sistema del futuro –si es que la humanidad va a tener algún futuro–” (Rodríguez, 2017).

Esto es lo que pensaba la filósofa y escritora judía Alisa Zinóvievna Rosenbaum, quien nació en Rusia al final del gobierno zarista; ella padeció las consecuencias revolucionarias de su país natal y parte importante de la guerra, que posteriormente la obligarían a migrar a Norteamérica. El 2 de febrero de 1905, en San Petersburgo, imperio ruso, de origen judío ruso, vio la luz por primera vez quien más tarde se reconocería como una de las mentes más críticas de la época, pero para ello esta gran mujer desarrolló un profundo interés en materias como la historia, la literatura y la filosofía.

Ingresó a la Universidad de San Petersburgo, que la alojó sobre los estudios de filosofía e historia; Alisa se autodenominaba como una romántica. Después de padecer la revolución de 1917 teniendo la edad de 20 años, huyó de la Unión República Socialista Soviética para refugiarse en Estados Unidos (EU), ya instalada surgió entonces el nacimiento de Ayn Ran, su nuevo nombre para evadir las posibles represiones en contra de su familia que se quedó en Rusia, país de origen; más tarde, dejaría para siempre su nacionalidad con su pasado y se convirtió en una ciudadana norteamericana amante de la libertad.

Sin lugar a dudas, una de sus grandes aficiones siempre fue el cine y movida por ello llegó a Hollywood y allí se inició trabajando para la industria de la producción audiovisual, donde le robarían el corazón por completo. Después de un tiempo y estando en ese lugar conoció a Frank O’Connor, con quien contraería matrimonio en 1929; se casó muy enamorada y se prometieron fidelidad, apoyo y compañía hasta la muerte de alguno de los dos.

Alisa tenía un gran potencial de creatividad que se vio reflejada en los guiones que producía para la empresa Universal, Paramount y MGM, a quienes daría su final con el cierre de oro al llevarlos al cine con la película El manantial en 1948; eso en cuanto a sus guiones y, por otro lado, dejaría también su presencia inmortalizada, con su pensamiento filosófico dentro de las páginas de sus obras literarias con las que impulsaría una corriente filosófica liberal.

Si alguna vez se ha considerado que las ideas no se pueden palpar y no se pueden ver, Rand declaró que el arte es la manifestación física de los sentimientos e ideales, por lo tanto la religión carece de sentido. Si bien es cierto que vivir en comunidad es parte esencial de nuestras vidas y que es por naturaleza como seres humanos que somos vivir en armonía, no podemos negar que sin el otro, no podríamos concebirnos como uno, pero tampoco podemos asumir los actos de los otros como propios y es así que surge nuestra individualidad. Por lo tanto, los ideales de mis gobernantes no son motivo del sacrificio de los míos o de mi identidad.

Determinar que lo que crees, aun siendo minoría, no se puede concebir como mal, pues la existencia de cada uno tiene derecho natural. Si bien Rand profesó una religión alguna vez, se puede decir que fue su propio pensamiento, la fidelidad con la que vivía su propia creencia y así validaba el valor de su palabra, ya que en su actuar nunca contradijo lo que su boca profesaba.

Su fe la resguardaba el autoreconocimiento entre el bien y el mal, así fomentó la liberación de seguir los pensamientos de sometimiento que imponen las instituciones como el Estado, la ética y la religión; el objetivismo nació entre sus obras y así es que con la esperanza de que la misma comunidad de los justos naturales se rebele contra las imposiciones de lo declarado como “normal”, puede resultar contraproducente en más de un sentido.

Aun cuando es necesario entendernos para llegar a un acuerdo, acuerdos que son necesarios dentro del actuar en un conjunto, es parte de la convivencia que resulta del ser integrante de una comunidad, pero cada uno tendría que mantener su integridad intacta, por lo tanto el fin al que se tendría que aspirar en ideas de Rand sería la existencia misma.

Si mi aspiración es a la felicidad, pero mi felicidad no será igual a la del otro, por lo que el otro buscará su felicidad, pero mi felicidad no será igual a la del otro, por lo que el otro buscará su felicidad medida a su aspiración, sin depender de la mía o mis preferencias en cuanto a lo que percibo como la satisfactoria de mi felicidad. En la misma medida, las responsabilidades serían individuales (Etxebarria, 2004).

Es así como Ayn Rand establece ideologías políticas, filosóficas y económicas en sus creaciones literarias, exhortando, satirizando o manifestándolo metafóricamente entre sus diferentes textos como: El manantial y La rebelión de Atlas, que fue un best seller; así como por haber desarrollado un sistema filosófico al que denominó “objetivismo”.

Defendió el egoísmo racional, el individualismo y el capitalismo laissez faire, con la explicación de que era el único sistema económico que permitía al individuo a vivir como tal, con la utilización del razonamiento, por lo que ella rechazaba definitivamente al socialismo, el altruismo y la religión.

Finalmente, ese pensamiento ya no puede ser defendido por su creadora y aunque muchas de las veces han sido mal interpretados como anarquistas, murió con ella en 1982, el 6 de marzo (Mercado, 2008), y descansa ahora hasta el final de los tiempos en la ciudad de Nueva York. Esa gran mente maestra, esa declaración poética y estéticamente perfecta en una sincronía que puede encantar al lector y fomentar el objetivismo, al tiempo que profesa religiosamente un estilo de vida.

“El hombre (cada hombre) es un fin en sí mismo, no el medio para los fines de otros. Debe existir por un propio esfuerzo, sin sacrificarse a otros ni sacrificar a otros para sí mismo. La búsqueda de su propio interés racional y de su propia felicidad es el más alto propósito moral de su vida”
La rebelión de Atlas (1957)

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