Nadie es mejor que todos juntos, es la frase adoptada en los momentos de unidad de miles de integrantes de la comunidad de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH). Este sábado 10 de marzo se reanudaron las pláticas de negociación con las autoridades universitarias, recibiendo del rector Adolfo Pontigo propuestas económicas que fueron analizadas, votadas y aprobadas por unanimidad por las asambleas generales de los sindicatos. Una jornada quirúrgica, extenuante, que requirió horas de mucha resistencia por parte del personal académico, administrativo, seccionales y base trabajadora en general para alcanzar conquistas justas. Vaya desde la mesa de redacción de Libre por convicción Independiente de Hidalgo un reconocimiento a la capacidad de negociación de los dirigentes Lidia García Anaya y Jaime Galindo Jiménez, respectivamente. Pero sobre todo a las personas que apoyaron la causa, a la ciudadanía que se sumó; la gran enseñanza de la huelga de seis días en la máxima casa de estudios deja una reconsideración del valor de la solidaridad. Es loable, por supuesto, destacar el acompañamiento que en este histórico paro de labores tuvo la rectoría de la UAEH y el Patronato Universitario, instancias siempre comprometidas con el desarrollo y bienestar de su comunidad. Entre las negociaciones que se acordaron para académicos destacan: incremento al salario de 3.4 por ciento, que es el tope nacional; vales de despensa de 5 por ciento, bono bianual para académicos de 9 mil 520 pesos y 10 días de aguinaldo para llegar a 90. Un balance de revisión contractual fue, sin duda, complicado. La situación económica del país lo refleja. Los precios de la gasolina y el transporte avizoraban una negociación con dificultades, pero con la convicción y apoyo de todos los sectores el balance es positivo. La enseñanza de esta huelga es revalorar la unidad, compromiso, fortaleza, el valor del trabajo y, por supuesto, la grandeza de la institución. De filón. Casi 100 millones de pesos desviados que no habrían llegado a su destino en Mineral de la Reforma en la era de Filiberto Hernández, antítesis de la ejecución de recursos públicos.

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