Querido lector, la semana pasada dejé varias líneas temáticas abiertas con el objetivo de irlas discutiendo o, mejor dicho, definiendo mientras estemos reunidos. Para retomar alguno de esos temas comenzaré con “el sentido de la existencia”, propuesta de mi buen amigo polaco Stanislaw Ignacy Witkiewicz o como los amigos de confianza le llamamos: Wicktacy, escritor de La forma pura. Por algunos considerado como uno de los iniciadores del existencialismo y precursor del teatro del absurdo. Pintor, teórico del arte y novelista. Quien desarrolló algunas muy interesantes teorías sobre la concepción y realización de las artes. Una característica elemental en la filosofía estética fundamental de este creativo es el concepto “metafísica”, (antes de que se espanten y empiecen a acusarnos de brujería, la metafísica es una rama de la filosofía que se encarga del estudio del ser, del alma, del origen, “las causas primeras de la realidad”; para qué el ser humano habita la tierra, cuál es la función, cuál es el sentido, por qué estamos dotados de una conciencia superior y de qué nos sirve, o sea, trata de responder ¿qué fue primero, el huevo o la gallina?) Para tratar de responder esas preguntas que se ha hecho el ser humano a lo largo de la historia se centra en otro concepto: “la existencia particular”, el ser mónada. Como seres mónadas somos indivisibles y divinos, conscientes de la existencia de otros, con la diferencia de que el ser humano crea conceptos a partir de otros conceptos. Por lo tanto la realidad que todos vivimos es, en principio, una concepción de nuestra mente que no terminamos de aceptar. Aquí comienza la gran incertidumbre. A pesar de ser divinos, indivisibles y capaces de identificar a otras monedas, el ser humano está completamente solo. Sin embargo en nuestra unidad hay un interior liberado que está sujeto a la concepción exterior, la realidad. Ese conflicto dialéctico es determinado por mi hermano en dos conceptos: lo tráfico y lo misterioso. En el ensayo de Agnieszka Matyjaszczyk Grenda Stanislaw Ignacy Witkiewicz: la forma pura en la vanguardia del teatro europeo de entreguerras dice que para Wicktacy el mayor conflicto del individuo es la incapacidad para relacionarse con otros. Por lo tanto, el origen de esa incapacidad es la no relación del ser mónada con el mundo. Así que para responder las primeras preguntas Wicktacy responde: “El misterio de la existencia es la unidad en la multitud y la infinitud, tanto en su pequeñez como en su grandeza, condicionadas además por la innecesaria limitación de cada existencia particular”. Y aquí ya me perdí, así inicia la tragedia de mi existencia. Sin embargo existen otras ideas que tal vez nos puedan ayudar a entender el sentido de lo que hacemos, encontradas en este sitio https://www.ciencia-ficcion.com, que trata de responder a una pregunta fundamental, ¿por qué la gallina cruzó el camino?
Profesor de primaria: Porque quería llegar al otro lado.
Platón: Porque buscaba el bien.
Aristóteles: Está en la naturaleza de las gallinas cruzar la
carretera.
Marx: Era una inevitabilidad
histórica.
Moisés: Y Dios bajo de los cielos y le dijo a la gallina: “Cruza la carretera”. Y la gallina cruzó y todos se regocijaron.
Ronald Reagan: Se me
olvidó.
Capitán Kirk: Para ir donde ninguna gallina ha llegado
jamás.
Hipócrates: Debido a un exceso de humores en su
páncreas.
Martin Luther King: Veo un mundo en el que todas las gallinas serán libres de cruzar la carretera sin que sus motivos se cuestionen.
Maquiavelo: La cuestión es que la gallina cruzo la carretera. ¿A quién le importa por qué? El fin de cruzar la carretera justifica cualquier motivo.
Freud: El hecho de que estés preocupado porque la gallina cruce o no la carretera revela tu inseguridad sexual.
Bill Gates: Acabo de lanzar el GallinaOffice 2000, que no solo cruza carreteras, sino que pone huevos, archiva tus documentos importantes y cuadra tus cuentas.
Buda: Preguntar eso niega tu propia naturaleza de gallina.
Hemingway: Para morir. Bajo la lluvia.
Shakespeare: Cruzar o no cruzar, esa es la cuestión.
Homero: Porque así era su destino.
Tal vez la respuesta es que la gallina cruzó el camino para encontrarse con otra y en ese encuentro pudo experimentar la unidad total. Pero lo que sí puedo afirmar es que uno de los sentidos del arte es propiciar la reunión y con ello el encuentro con otro individuo.
Por desgracia desde el suicidio de mi amigo Wicktacy (porque el imbécil nunca encontró su sentido) no he encontrado otra monada con quien decir “salud”.

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