Banquete

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Que banquete tuvimos por Acción de Gracias, después de años en los que, de tres juegos, solo uno valía la pena, fue bueno ver duelos parejos en los que no importó que jugadores reserva tomaran los controles de sus ofensivas, y en los que la supremacía se legitimó.

La entrada –hablando en un tono culinario, como los últimos años– fue magnífica, tenía serias dudas del sous chef que presentó Chicago con la lesión de Trubisky, pero la ofensiva se vio sólida y con el amparo de la defensiva, que aprovechó los errores de Matthew Stafford para mostrar por qué los Osos son serios contendientes para equipos como Santos y Rams. Una pena por Detroit, pero creo que es tiempo de mirar más allá de Stafford.

El plato fuerte fue exquisito, cuando se anunció la lesión de Alex Smith, los aficionados de Redskins quizá vieron sus posibilidades de playoffs destruidas, pero Colt McCoy demostró que, si bien está un poco fuera de ritmo, puede conectar con Vernon Davis y permitir que Adrian Peterson haga lo suyo. Ahora, enfrente tuvieron un equipo de Dallas renovado, la aparición de Amary Cooper le dio un giro completo a la ofensiva y logró quitarle la presión a Prescott, permitiendo un juego aéreo fluido y, por ende, avenidas para el devorador de yardas Zeke Elliott. La pregunta ahora es: ¿Dallas encontrará continuidad o volverá a caerse?
De postre, Drew Brees y los Santos endulzaron el paladar de sus aficionados al dar cuenta de los Falcons. Brees es una garantía, pero lo interesante del juego fue ver cómo la defensiva aurinegra está regresando a ser una máquina de robar balones y cazar cabezas –en un sentido legal, no me vayan a castigar a Sean Payton de nueva cuenta—.

Según Kamara, el año pasado una jugada fue la diferencia para que Filadelfia fuera al Super Bowl y no ellos, pero dependerá de ellos mismos demostrar que están hechos para darle a Brees su segundo anillo.

Hoy solo queda decir, gracias por tan espectacular temporada; y a esperar que el resto sea aún mejor.

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