Filiberto Rojas participa en el negocio que fue legado de sus bisabuelos

Pachuca.- A sus 42 años, Juan Filiberto Rojas Herrera bien conoce de la vida.
A los seis años le diagnosticaron un soplo en el corazón.

“Tal parece que debía evitar esfuerzos físicos y llevar una existencia tranquila, sin sobresaltos”, dice.

Pero no fue así. A los 18 años, estudios de especialistas determinaron que el malestar cardiaco estaba superado. Lo trataron en el hospital Ignacio Chávez, aunque desde antes poco caso hizo de quienes le prescribían que fuera calmo en sus actividades cotidianas.

Hoy, fuerte, con 115 kilos de peso, bromista, conversador que llega a lo chispeante anota tres episodios en sus tareas.

“Uno, refiere participar en un negocio de venta de barbacoa, principalmente, legado de mis bisabuelos que se asentaron en Atotonilco. El segundo, mi afición al deporte, sobre todo al futbol americano y lucha libre profesional y, epílogo, pero no precisamente final, tener la distinción de representar a mis compañeros locatarios del mercado Barreteros. Cumpliré mi segundo periodo como dirigente y, a lo mejor, podría arribar a un tercero, si así lo decidiera la mayoría.”

Barbacoa,lucha libre

Su abuelo, Alberto Rojas, fue minero en la Real del Monte, y tras retirarse inició el negocio familiar.

Satisfecho apunta que sus padres viven: Juan Rojas Lugo y Alejandra Herrera Rodríguez.
Juan Filiberto tiene dos hermanas y tres hijos. Habla con emoción de ellos.

Don Alberto Rojas al dejar la minería fue a Taxco, Guerrero. “Mi padre nació allá, al igual que uno de mis tíos. Luego se ubicaría, temporalmente, en la Unión Americana, pero a su regreso a Pachuca,en 1954, se inició en la venta de barbacoa, en lo que eran las barracas de Barreteros, más propiamente en el callejón del Carmelito; había puestos de comida”.

Comenta que apenas Barreteros cumplió 91 años.

Y alude a sus estudios. “Primero en la Ignacio Zaragoza, terminando en la Plan de Guadalupe.

Era un jovencito inquieto y eso derivó en expulsiones. En la secundaria número tres, entonces general, estuve los tres años, con algunos exámenes extraordinarios. Al final, bachillerato; solo dos semestres.”

Su papá buscó nuevos horizontes y se fue a trabajar a Estados Unidos; 16 años estuvo por allá, antecedente de la instalación del negocio de barbacoa, de la que dice, hay secretos para preparar. “Años de experiencia y saber dar tiempos, precios, sazón… y algo más”.

“Con mi mamá y mis hermanas participamos desde hace 29 años. Se llama Súper Barbacoa Beto’s, aunque ya dentro del mercado también se expenden quesadillas, taquitos y se sirven banquetes a domicilio.”

Hoy continúa con su mamá y su hermana Sandra; su otra hermana, Selene Patricia,
es egresada de La Salle.

Juan Filiberto alterna tareas. Una que le toca es obtener pencas, leña y, sobre todo, ganado. Compra en el rancho San José, a la salida de Ixmiquilpan, de 12 a 13 borregos por semana; de cada uno obtiene 10 kilos de barbacoa.

“Llegamos a preparar hasta 22 animalitos, pero ha decrecido un tanto la venta; hay barbacoyeros que expenden sin permisos. Nosotros estamos establecidos y cumplimos con lo que se nos requiere. Sí, hay mucha competencia irregular.”

En días normales se levanta 15 minutos antes de las cinco de la mañana. Vive en la Rojo Gómez, aunque poco está en casa.

Barbacoa,lucha libre

La barbacoa la prepara en el Parque de Poblamiento, que solo se expende de sábado a lunes y días festivos; los cuatro días restantes, quesadillas, taquitos y sopes. Paralelamente se preparan, hechas a mano, 120 kilos diarios de totillas.

Alude a sus funciones como secretario general en el mercado.

“Soy dirigente, por decisión de mis compañeros, desde 2013. El periodo es de tres años. Voy a cumplir el segundo. Procuramos mejorar su mantenimiento. Mencionaría, como ejemplo, que apenas terminamos la impermeabilización de todo el inmueble. Fue una importante inversión.

“Apenas entregamos reconocimientos a tres compañeros: Carlos Galicia, Roberto Pérez y Aristeo Granados. Pilares años y años en Barreteros.”

Aquí se permite reproducir una frase feliz de Mirna Hernández, quien alguna vez manifestó:
“Este no es el mercado más viejo, es el más antiguo. Lo viejo se tira, lo antiguo se guarda.”
Gusta del futbol soccer. Se llegó a probar con los Ángeles de Puebla como portero. Y recuerda a tres arqueros de su reconocimiento: Pablo Larios, Miguel Marín y Héctor Miguel Zelada. Y actuales: Guillermo Ochoa, José de Jesús Corona y Talavera, Se le escapa: “Le voy al América”. Ante el silencio, se recobra y cita que jugó futbol americano.

“Aquí, con Cuernos Largos y con Generales, que pertenecía al Politécnico.”

Era line backer y a la defensiva. Piensa que los Raiders de Los Ángeles “son lo máximo”.

No enfrentó lesiones delicadas a no ser que no tiene líquido en la rodilla izquierda, y un malestar en las cervicales. Un poco practicó beisbol:
“Estuve con Los Cardenales; ahí participaron mis tíos.”

La lucha libre le emociona. La practicó 12 años.

“Empecé con el profesor Ral García y él me llevó a la arena Azteca, donde me entrenó el profesor Fernando”; algo así como tres años, con quien conoció el gimnasio de Fuerza Guerrera y Octagón, así como Kamikaze, primero y segundo, quienes también fueron sus mentores.

Su primera aparición pública fue en la arena Afición.

“Fue en un aniversario de Herramientas Cleveland. Era lo que llamamos calienta lonas, es decir, los que aparecen hasta abajo en los programas. Fui enmascarado y me llamaba Calamidad. Yo lo escogí.”

Después se fue a la Ciudad de México y se identificó como Baby Valentino. Seis a siete años de profesional.

“En la Merced me pagaron en mis inicios 190 pesos.”

En Pachuca nunca se presentó como profesional. Luchó en la arena Afición y la de 11 de Julio; se llamaba Vencedor.

“Fue diferente: llegué a percibir hasta cinco mil pesos.”

Igualmente utilizó otros nombres, siempre cubierto el rostro. Se disculpa: “No podría revelar los nombres; hay un acuerdo”.

Se define como hombre tranquilo, apenas bebedor social; sin excesos.

“No soy violento. Alguna vez enfrenté un incidente, cuando con un primo fuimos a Atotonilco.

Había un baile. Llegó la Policía municipal y quería llevarse a mi pariente. No era correcto y lo dijimos, pero los agentes nos agredieron y se armó la zacapela. Eran ocho o 10 y hasta los toletes les quitamos. Ni los daños cubrimos. En verdad no provocamos el problema. Siempre me he controlado.

“Otro episodio fue por un asunto nimio con otro señor; chaparrito. Y reconozco que fue mejor que yo.

Barbacoa,lucha libre

“He vivido como he querido. Me gusta la música de banda; fui amigo de Valentín Elizalde.

Vivo solo; me divorcié, aunque con quien era mi esposa mantengo relación cordial; hay tres hijos que son mi máxima preocupación y, por lo demás, soy feliz, tranquilo conmigo mismo.”

Fue en un aniversario de Herramientas Cleveland. Era lo que llamamos calienta lonas, es decir, los que aparecen hasta abajo en los programas. Fui enmascarado y me llamaba Calamidad. Yo lo escogí

Comentarios