Los casos de justicia por propia mano son cada vez más comunes en el Valle del Mezquital, lo cual habla de que esa zona de Hidalgo debe ser atendida con urgencia por el gobierno estatal. Para quienes trabajamos en los medios de comunicación locales, ya ni sorprende escuchar que hubo un intento de linchamiento en esa región. Ninguna democracia, ningún Estado democrático sustentado en leyes, debe ver esas acciones bárbaras como normales. Porque no es otra cosa que regresar a la etapa previa a la existencia del Estado, donde la ley que privaba era la del más fuerte. No podemos acostumbrarnos, en Hidalgo ni en ningún rincón de México, a vivir en medio de ejecuciones sumarias, o de tribunales que recuerdan a la Santa Inquisición. Ayer dos hombres fueron sorprendidos mientras robaban una casa, en la comunidad de El Tephé, en Ixmiquilpan. Intentaron huir, pero un grupo de vecinos los alcanzó y fue cuando comenzó el acto extrajudicial y de violencia primitiva. Los dos hombres, uno de apenas 28 años y otro de 46, fueron golpeados por vecinos del lugar. Al más joven, como si viviéramos en la edad media, los vecinos le cortaron la mano con un machete. No se trata de defender a los supuestos responsables del robo: lo que está en juego es el Estado de Derecho, la prevalencia de la razón. Si abandonamos la idea de que México debe estar regido por un Estado de Derecho, lo que sigue es, como ocurrió ayer en el Valle del Mezquital, la barbarie, la sinrazón de un juicio encabezado por una masa de vecinos enceguecidos. Si nos acostumbramos a esos juicios sumarios, a esos actos de barbarie, tarde o temprano alguien de nosotros pagará las consecuencias. El gobierno del estado debe, con urgencia, restituir el Estado de Derecho en el Valle del Mezquital. De filón. Continuidad, es lo que habrá en la nueva dirigencia del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) en Hidalgo. Nadie puede esperar lo contrario si quien resultó electo fue secretario particular del líder saliente.

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