Rayando el amanecer comenzaron a caer, uno a uno y masivamente. Lentamente se desplomaban levantando el polvo, hojas, animales que huían despavoridos; parvadas de interminables pájaros sobrevolaban desorientadas la zona. La savia corría a borbotones y el olor de las resinas se mezclaba con el del humo y aceite quemado de las motosierras.
El ruido ensordecedor del metal mezclado con el alarido silencioso de cientos de árboles que perdieron la vida esa triste mañana, nos hizo recordar que cuando hay estupidez, ignorancia y ambición combinadas, las consecuencias son fatales. Otra mancha oscura para la memoria de la tierra y de los pueblos. Eran las 7 de la mañana, más de 3 mil árboles caídos sin posibilidad alguna de defenderse, más de dos hectáreas de bosque destruidas. Más de 100 ecocidas y un hombrecito insignificante llamado Graco Ramírez, gobernador del estado de Morelos, miraban muy orgullosos su obra, listos para ir a cobrar sus monedas con los patrones allá arriba, empresarios y transnacionales al servicio de sus ambiciones personales y del dinero.
En días pasados, una vez más, en el pueblo de Tepoztlán, Morelos, el gobierno estatal y federal dejaron de manifiesto que la voluntad de los pueblos originarios les importa un comino; que la memoria, la cultura y el territorio de los pueblos les resulta irrelevante y peor aún, que el respeto a la Madre Tierra que nos da de comer, equivale a un escupitajo flemático en medio de la calle.
En el contexto previo de la constitución del Concejo (con C) Indígena de Gobierno, una alternativa de construcción nacional que propone el Congreso Nacional Indígena y el Ejército Zapatista de Liberación Nacional en la que estemos todas y todos representados y en la que quepamos todos. Es que se da este brutal ecocidio.
Y justamente la propuesta de este Concejo y ahora de su portavoz, María de Jesús Patricio, indígena nahua, es primeramente, entre muchas otras cosas, la defensa de la vida y de la tierra. Parar el despojo de los territorios, detener el saqueo de los recursos naturales que se han vuelto el botín del capitalismo voraz de empresarios nacionales y extranjeros que sin escrúpulos, como Donald Trump, siguen pensando que es voluntad divina la opresión y la destrucción del otro, de quien sea distinto a ellos.
Gasoductos, hidroeléctricas, mineras, centros comerciales, carreteras, etcétera, en nombre de y disfrazadas de “progreso” están acabando con la Tierra y poniendo en peligro al ser humano como especie. En el caso de Tepoztlán, la Secretaría de Comunicaciones y Transportes quiere una ampliación de una carretera para meter más casetas, cobrar más dinero, acelerar la llegada de paseantes a los centros comerciales de la “diversión” que saquean el agua de los pueblos, de la siembra, de la vida. Todo para que la gente despilfarre el poco dinero que le queda en mojarse los pies pensando que está en el “paraíso” aunque tenga que pagarle al empresario mezquino que le vendió la idea. También, la amenaza de instalar dos mineras en el Valle Sagrado de Tepoztlán vinculadas a todo el saqueo que de manera masiva están haciendo la mineras extranjeras en todo el territorio nacional.
Construir barricadas y plantones son por lo pronto, los sistemas de defensa y resistencia que instrumentan los pueblos para defender sus territorios. Es un acto para muchos mínimo pero contundente a la hora de las consecuencias: el capitalista pierde su dinero. Pero desde las barricadas la gente se organiza, construye, comparte, aprende, habla, se entiende, se manda obedeciéndose y actúa. No son llamados a la violencia, son formas no violentas de resistir a la violencia del sistema y al terrorismo del gobierno y sus títeres.
La lucha y ejemplo que nos proponen y nos invitan los pueblos representados en el Concejo Indígena de Gobierno es a organizarnos para desmantelar este sistema que nos está matando, es a construir organizadamente alternativas para gobernarnos de otra manera, sin mecenas ni caudillos, no es un gobierno indígena, es una construcción a la manera de los pueblos originarios. La lucha es por la vida.

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