Un par de bombillas débiles cada cuánto son suficientes para mantenerme en pie… pero yo quiero volar

El cineasta turco Gokalp Gonen tiene siete minutos y quizá un par de segundos más para mostrarte una historia artificial y desafiante, Tiro de oro (2014), no solo es una ficción animada protagonizada con máquinas, es que puede ser que en la limitación técnica de un robot o en el remoto error del intento de una inteligencia artificial quiere que encuentres tu poderío, la oportunidad de que tus proyectos dejen de estar en borrador y que tus sueños abandonen el monopolio de tu mente.
Otra vez en acción la ley cinematográfica de la imposibilidad de lo imposible, como proponía el viejo ilusionista y padre del cine francés, Georges Méliès, cuando llevó a sus espectadores a la Luna, en su tiempo y desde su país el joven Gokalp propone la construcción de un Sol en ausencia del astro rey, para quienes lo necesitan, las máquinas, que no hacen más que funcionar al día con un par de bombillas sustitutas.
Un cúmulo de engranes en movimiento, escenas grises, sonidos del metal, no hay más rastro de humanidad que la posible huella creativa del fabricante, el cortometraje es un recuerdo de aquel Manifiesto Futurista de 1910, el que escribieron los artistas que heredaron el cubismo para evolucionar y proclamar su fascinación por la magnificencia de las máquinas y de su movimiento, la belleza nueva que enriquecía al mundo, decían.
Nuestro cineasta turco parece invocar estos preceptos que, si bien del futuro, llevan más de 100 años en el papel, aunque difiere en la manera de representar sus ideas dada la necesidad primaria, según la personalísima interpretación en esta reseña, de privilegiar el sentido humano y emocional del todo.
Mientras que los creadores futuristas celebraban la energía, el dinamismo y la deshumanización de la máquina como nuevo principio de la estética que incluso consideraba a los museos del arte clásico como cementerios, el proyecto de Gokalp Gonen halla sus puntos flacos. No vemos al futuro empoderado y vibrante que nos pintaron los artistas de la vanguardia, el futurismo aquí no deja de ser bello pese a que renuncia a la arrogancia de colocarse en la cima por vestir de perfección con respecto a la figura humana.
Las máquinas de Gokalp en Tiro de oro están oxidadas, apenas operan con la poca energía a la que tienen acceso, muy parecido a la experiencia del smartphone que entorpece de inmediato con dos o tres rayas de batería, sobreviven (y el término vivir sí aplica para estos robots), son vulnerables, persiguen un fin común, se preocupan por el otro, sueñan con explotar al máximo las funciones para las que fueron hechos, volar.
La búsqueda de los protagonistas de Gokalp no obstante coincide con el Manifiesto Futurista, porque aspiran a la grandeza y no se conforman con lo suficiente, bastaría un par de bombillas cada cuanto para mantenerse en pie, pero ¡vamos! ¿Por qué mantenerse en pie cuando se puede volar?
Alguien tiene un plan para devolver la grandeza a ese pedacerío de chatarra que se aferra a la luz. No está mal mantenerse con la esperanza enérgica que provee un débil rayo de luz pero hay que dar el siguiente paso… ¿vale la pena ser osados? ¿Pagarías el costo de un Tiro de oro?
Solo siete minutos y puede ser que algunos segundos más.

@lejandroGALINDO | [email protected]

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