Posturas y reacciones del Partido Acción Nacional (PAN), a partir de la ruptura del grupo de Ricardo Anaya con los prohombres del priismo, lindan en la beligerancia y la acusación reactiva y tendente a desprestigiar al contrincante, prácticamente instalándolo como enemigo, en la idea de que una batalla de lodo puede derivar en la guerra que descarrile al priismo de la carrera por mantener la presidencia de la República.
Por supuesto, de la mano del panismo anayista caminan los otros dos integrantes del Frente Ciudadano por México, es decir, el Partido de la Revolución Democrática (PRD) y Movimiento Ciudadano, cuyos bonos han caído severamente a partir de las escisiones de las tribus que se fueron aL Movimiento Regeneración Nacional (Morena).
Pero, el discurso perredista y emeceísta, ya conocido por su discrepancia con el Partido Revolucionario Institucional (PRI) desde los tiempos en que se integraron en esas corrientes encabezadas por distinguidos priistas que han aspirado a ganar la presidencia de la República, pero se han quedado en el intento, ha sido superado por los integrantes de la cúpula panista que, con la dimisión de Raúl Cervantes Andrade a la Procuraduría General de la República (PGR), tienen un extraordinario pretexto para golpear a la administración de Enrique Peña Nieto.
Lo cierto es que el PAN se pelea con fantasmas, en cada esquina encuentra supuestos embozados oficialistas dispuestos a golpearlo, desprestigiarlo, calumniarlo y enlodarlo, cuando hay evidencias documentadas de cada paso que ha dado, en este caso, el joven Ricardo Anaya.
Porque, mire usted, esto del enriquecimiento desorbitado del dirigente nacional del PAN y de sus ambiciones por hacerse de la nominación del PAN a la presidencia de la República, hay pruebas y versiones apisonadas por quienes fueron, hasta hace poco tiempo, miembros distinguidos de la primera línea albiazul.
Es elemental que en uno y otros bandos no hay hermanas de la caridad ni menos probos y honestos funcionarios públicos y legisladores, cada cual está hecho al modo de su sistema de accionar políticamente, una praxis histórica que se reinventa sexenalmente y a modo de cada gobierno.
Digamos que es elemental, entonces, la beligerancia con la que el PAN actúa en estos días, incluso, reitero, contra quienes en su momento colaboraron con esa burbuja del poder que llevó a Vicente Fox Quesada y a Felipe Calderón Hinojosa al poder, al máximo cargo de elección popular.
¿Se vale denostar por denostar? El ciudadano demanda pruebas, exige evidencias en estos tiempos en que las redes sociales han asumido el cargo de jueces que lo mismo sentencian a la picota que absuelven sin mayor fundamento que su preeminencia en Twitter y Facebook.
Este proceder de, por ejemplo, Marko Cortés Mendoza, coordinador de los diputados federales del PAN, recuerda a aquellas conjeturas del entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz que, en cada pronunciamiento, manifestación o publicación de estudiantes en 1968, veía a la conjura comunista e incluso llegó a acusar, azuzado por quienes desde la dirección federal de seguridad y la policía política le mal informaban, para tenerlo a gusto, que el movimiento estudiantil estaba auspiciado económicamente por las embajadas de Cuba y de la entonces Unión Soviética.
Nunca presentó una prueba de ello, pese a contar con los mecanismos de espionaje a su servicio.
Así el PAN que acusa a Raúl Cervantes de comportó como “procurador carnal” para proteger la impunidad de funcionarios del PRI-gobierno.
Más aún, Marko Cortés asegura que “la renuncia de Raúl Cervantes Andrade, obedece a su incompetencia para resolver los escandalosos casos de corrupción del PRI-gobierno como los sobornos de la empresa brasileña Odebrecht; la corrupción de los exgobernadores priistas Javier Duarte y Eugenio Hernández o el imperdonable saqueo de miles de millones de pesos a través de la llamada ‘estafa maestra’ por parte de funcionarios públicos, entre otros”.
Y, libre como el viento, Marko sostiene que “Raúl Cervantes se caracterizó por su incompetencia para resolver temas tan relevantes como el espionaje a críticos del gobierno durante la actual administración, a través del malware Pegasus, pero en cambio se prestó para hacer un golpeteo político electoral mediante filtraciones en contra de la candidata del PAN en el Estado de México”.
¿Y las pruebas? Bien haría el joven diputado federal en aportarlas. Entonces hablaríamos de otro nivel político, no del dicho… Conste.

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