En la columna pasada hablamos acerca de los ciclos de la naturaleza, como vivir en armonía con ellos puede traernos momentos de lucidez para crear y trabajar en los propósitos de este año; detuvimos nuestra mirada en los griegos. En su panteón nos encontramos a la divinidad Aión, Dios comendador del tiempo infinito, la contemplación; ahí donde Cronos y Kairos no intervienen, conocer estas tres caras de la misma Gema (el tiempo) nos llevará a disfrutar aspectos de la vida que antes eran desconocidos.
Un estudio publicado en 2009, dirigido por el investigador Bernardi entre otros colegas con el respaldo de la dirección del departamento de medicina interna de la Universidad de Pavia, Italia , investigó en una población de 12 músicos (coristas) y 12 sujetos no músicos que escucharon (en orden aleatorio) música vocal (Puccini’s Turandot) u orquestal (novena sinfonía de Beethoven), crescendos progresivos (aumentos progresivos de la intensidad del sonido), con énfasis más uniforme (Bach Cantata), frases rítmicas de 10 segundos, es decir, similares a ondas Mayer, (arias de Giuseppe Verdi “Va pensiero” y “Libiam nei lieti calici”) o silencio mientras la frecuencia cardíaca, respiración, presión arterial, velocidad del flujo de la arteria cerebral media y se registraron las vasomotores de la piel. Las respuestas comunes se reconocieron al promediar las respuestas cardiorrespiratorias instantáneas con regresión frente a los cambios en los perfiles de la música y mediante el análisis de coherencia durante las frases rítmicas. Los crescendos vocales y orquestales produjeron correlaciones significativas entre las señales cardiovasculares o respiratorias y el perfil musical, particularmente la vasoconstricción cutánea y las presiones sanguíneas, proporcionales al crescendo, en contraste con el énfasis uniforme, que indujo vasodilatación cutánea y reducción de la presión arterial. Las correlaciones fueron significativas tanto en señales promediadas individuales como grupales. Frases en períodos de 10 segundos por Verdi incorporaron las variables autonómicas cardiovasculares. Si bien no se observaron diferencias cualitativas en las mediciones registradas entre músicos y no músicos, el estudio concluyo que el énfasis de la música y las frases rítmicas son rastreados consistentemente por variables fisiológicas. Las respuestas autónomas se sincronizan con la música, lo que podría, por lo tanto, transmitir emociones a través de la activación autónoma durante crescendos o frases rítmicas.
Sin duda escuchar música clásica de los autores mencionados, nos permite reconocer los alcances, sin embargo, esta puede tener como alternativa para complementar el tratamiento para regular la presión, aunque todavía se realizan estudios para comprobar su eficacia como primer alternativa para un tratamiento médico, la ciencia y el arte se reúnen para enfrentar los retos que la humanidad exige en el siglo XXI.
Un buen ejercicio artístico es sentir solamente las vibraciones en el cuerpo, en vez de escuchar como habitualmente hacemos con el sistema auditivo. Esa técnica ha favorecido la inclusión de niños sordomudos en países como Suiza, en un proyecto llamado “Feel the music” de la orquesta de cámara de Mahler; ellos son acercados a los instrumentos musicales para percibir su vibración con cuerpos, para más tarde reinterpretar con la pintura las impresiones, mismas que son exhibidas en algunas galerías de Zúrich.
La música y el silencio son elementos que componen nuestra vida, saber evocar su energía es mirar de frente la energía de Aión.
Un lugar muy recomendable y cargado de buen equilibrio energético que les ayudará a conectar con esos potenciales; la hacienda hotel Yemila, que en más de 90 años de existencia y con 60 hectáreas de entornos lacustres, pintan de motivos rojos, lilas y gran verdor, la temporada de cosecha de sus árboles frutales, aún conserva vestigios arqueológicos de un atroje, en donde se guardaba el producto que se comercializaba con sus homólogos de la zona. En la actualidad cuenta con una moderna procesadora que además de vender jugo de manzana a Jumex, fabrican sidras con el sello distintivo de su historia. El nombre de Yemila es de una raíz náhuatl y significa “haba”, aunque también se dice que originalmente la hacienda era de libaneses y la esposa del dueño se llamaba Yamilé, que en hebreo significa bella flor del desierto; con el tiempo, el nombre se fue deformando hasta quedar como actualmente se conoce Yemila. Su capílla está dedicada a Santa Ana, por la región a la que pertenece; Santa Ana Tzacuala (localidad que se dedica a comercializar flores en plazas importantes del centro del país), que además tiene una celebración importante en semana santa, usted puede disfrutar de la gastronomía tradicional mexicana, con hermosas vistas de la presa que guarda en su seno aguas cálidas de un color azul intenso, una excelente opción de ecoturismo para disfrutar de lo mejor de nuestra tierra Hidalguense, en Acaxochitlán.

Fb. El séptimo estado

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