Bellairosa 55 podría ser la dirección exacta de un lugar, el mismo al que una vez llegué cuando era más joven pero donde vivo hoy con la madurez-inmadura que delatan mis canas. Es un escenario lleno de sirenas que cantan para hacer ecos de sororidad conmigo misma. Representa mi espacio donde caben las Fridas y las Sor Juanas, Mafaldas y Chicas Superpoderosas, poemas y palabras, suspiros y latidos. Un lugar donde soy como quiero ser y hago lo que deseo hacer.
Bellairosa 55 debería ser una fecha, un momento que representa a ese tiempo cargado de pasado donde fui una niña feliz que jugaba futbol y se enamoraba de los niños con mirada de cristal. Esa época con destellos constantes de presente donde lucho por no traicionarme y para quererme entre pánicos y peligros que me dan fuerza para seguir viviendo. Es la apuesta por un futuro siempre lleno de pronósticos imprudentes, inconvenientes e improbables, sin ningún guion ni sinopsis, solamente sorpresas constantes y escenas memorables.
Bellairosa 55 puede ser la contraseña de entrada a mi corazón donde mis amigas viven y han memorizado mis latidos para resistir alegrías y compartir mis lágrimas. Las mismas que escuchan mis pecados para volverlos heroísmos cotidianos y que se alían conmigo en los tiempos difíciles para sobrevivir a golpe de cariños sinceros y lealtades sin precio. Ellas que son mi espejo cuando debo confiar en mí y son mis aliadas cuando debo enfrentar a una que otra villana.
Bellairosa 55 es la clave para confiar en cada hombre que aparece en mi vida, hombres que comprenden mi fragmentación y mi camuflaje, que se desatan de su mástil cuando escuchan mi canto de sirena porque confían en mis señales y creen en mis locuras. Hombres que abren puertas y ventanas para estar donde deseo estar. Que hacen travesuras conmigo porque nuestra alma infantil se identifica de inmediato. Desde el padre hasta el hijo, del alumno al aliado.
Bellairosa 55 es la fórmula que este año me reconcilia conmigo misma para alegrarse en cualquiera de los meses que siguen, que me enreda en mis sueños para seguir apostando por ellos sin más certeza que mi intuición de suertuda. Es mi amuleto para seguir hablando con pasión desde un salón de clases. Es la frase que repito cuando una mirada juvenil me contagia su brillo. La oración que rezo para creer los milagros que provocan mis palabras, mis historias y mis discursos. Es la suma de cada año que he vivido con sus meses, sus días y sus horas. El fragmento preferido de mi diario. El detalle del relato que repaso en mis noches de insomnio. El instante que sueño para aceptar el paso gozoso del tiempo. Las arrugas que marcan mi felicidad momentánea pero eterna.
Bellairosa 55 subraya el lugar donde vivo esperanzada y la edad que cumplo sin ningún complejo. Evoca el ambiente que me ha inspirado y los años que fortalecen mi alma. Representa el escenario donde retozo pecadora así como el tiempo de vida que llevo reescribiendo mi propia historia, siempre con muy buena fe. Es la fecha de un cumpleaños más en la ciudad que generosamente me ha dado asilo. Es la columna periodística que me delata cada semana y en la que hoy informo que oficialmente soy señora que ha cumplido 55 años en la Bellairosa.

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Profesora investigadora en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo. Doctora en ciencias políticas y sociales por la UNAM. Especialista en estudios de la mujer por El Colegio de México. Ha publicado una gran variedad de libros y artículos académicos. Es columnista tanto en medios impresos como digitales. Ha recibido diferentes reconocimientos por su trayectoria feminista y periodística.