De acuerdo con archivos históricos, el dato más antiguo de la industria del calzado data de 1645 con los primeros zapateros que México registró. A través del tiempo, creció y desarrolló diferentes áreas como la fabricación de zapato, pero también la venta de artículos para el mantenimiento o la popular reparación, de ellas derivan las que luchan por persistir pese a los años: las peleterías, que obtuvieron fama con la llegada de los refugiados españoles a nuestro país en tiempos de la guerra civil. En Hidalgo, la historia también está presente

Su historia

Benjamín Ramírez Puente lleva en su memoria la historia de la industria del calzado en la Bella Airosa debido a que fue hijo de uno de los pioneros en la fabricación en la década de 1930, cuando su padre José Ramírez Hernández y uno más conocido como señor Vargas eran los únicos zapateros de la ciudad.

“Aprendió zapatería, luego puso su taller y después lo convirtió en la fábrica de calzado JRH, en las calles Mina y Villa frente a la presidencia municipal, él fabricaba para los mineros a la compañía de Real del Monte, también elaboraba zapatilla para enfermera; se dedicó mucho a hacer zapato de trabajo, que eran empresas que podían comprar calzado caro, porque su precio era elevado. Yo aprendí a ser un buen zapatero, desde coser a mano hasta el volteado de las zapatillas porque empecé a ayudarle a mi padre a los ocho años cuando la fábrica estaba en su apogeo, había cinco trabajadores, inclusive tenía dos puestos en Poza Rica de calzado nuevo, pero desgraciadamente enfermó y acabó todo.”

Cuando su padre dejó de laborar en 1975, JRH dejó de ser fábrica de calzado para convertirse en peletería en la colonia Morelos, es decir, venta de material para limpieza y duración de calzado a la que Benjamín decidió entregarse por completo, luego de su renuncia a la Comisión Federal de Electricidad (CFE) en 1986 con 15 años de trabajo como lecturista, donde también fue oficinista, comisionado en la Ciudad de México, en puestos sindicales y peón al inicio.

“Mi intención era dedicarme totalmente a ese negocio con ayuda de mis hijos porque en ese tiempo nos iba muy bien, actualmente hay una pequeña disminución porque llegó una competencia muy desleal, en el sentido de que dan mucho más barato el producto y lógicamente los clientes van a otros lugares, aunque uno también se da cuenta que la calidad no es la misma, pero gracias a Dios con lucha y esfuerzo ahí va más o menos el negocio, mi hijo ya lo hizo un poco más grande.”

Desde 1963, la peletería Casa Ramírez quedó establecida en la calle Guzmán Mayer número 117, en la colonia Centro, donde hace aproximadamente tres años Benjamín dejó de reparar calzado para heredar el negocio a su hijo José. “Casi todos los boleros compraban aquí, sino es que todos, hubo días en los que la gente hasta me esperaba formada afuera para que la atendiera; siempre he dicho que a lo mejor me faltó un poco de inteligencia o sagacidad para poner otro negocio o algunas bolerías, pero me conformé con que no hiciera falta nada en la casa”.

“La satisfacción que me dejó estar al frente de la peletería es que traté de cumplir con mi familia y que lo mucho o poco que ha habido ha sido a raíz de trabajo, nunca he robado, nunca he abusado y nunca he perjudicado a nadie, todo ha sido con limpieza, y también me hace feliz que actualmente mi hijo siga mis pasos y me gustaría que después de Pepe el negocio continuara porque es un recuerdo, una enseñanza, un legado de mi padre.”

José Ramírez Olvera, de 48 años, es el heredero del arte de reparar calzado y actualmente el negocio también ofrece una variedad de productos que incluye grasas y cremas para calzado, tintas y pinturas para teñir, plantillas de todo tipo (gel, piel u ortopédicas), cepillos, agujetas, jabón de calabaza, cajones para bolero, todo tipo de material para reparación de calzado, ceras, lacas, brillos, taloneras de gel para espolón, por mencionar algunos.

“Gracias al trabajo de muchos años de mi padre mis hermanos y yo tuvimos educación, le debemos todo, actualmente mi familia también de aquí vive, yo tengo 20 años en ese local, quiero abrir otra peletería, ese negocio me parece muy noble y no nos falta nada, para mí es maravilloso, mi sueño es abrir una reparadora de calzado porque aquí lo hacemos, pero lo fuerte es la venta de los productos.”

Benjamín sabe que fomentar el trabajo y crecimiento de los negocios locales es una tarea a la que también debe contribuir la población porque llevan en su historia un valor comunitario, lazos ciudadanos que nos unifican en el desarrollo de la economía y progreso como sociedad.

“Agradezco a mis clientes porque por tantos años nos han hecho el favor de ayudarnos y espero que sigan teniendo confianza en nosotros porque siempre les vamos a servir de buena manera y con toda la honradez. Un negocio como esos es muy necesario e indispensable porque si se rompe su zapato o necesita grasa aquí estamos nosotros porque la reparación de calzado es un arte, no cualquiera puede hacerlo y yo le deseo éxito a mi hijo para que persista en el negocio, la honradez, seriedad y el esfuerzo.”

Por las memorias de su infancia en las que mantiene vivos los recuerdos de una de las primeras fábricas de elaboración de calzado en Pachuca, que nos regala identidad como hidalguenses, por su invaluable actitud de servicio a sus 76 años y por legar a su hijo el arte de la reparación mediante la disciplina y esfuerzo, la historia de Benjamín nos recuerda que tenemos espíritu, pero necesitamos temple.

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CLAVES

+El dato más antiguo de la industria del calzado data de 1645 con los primeros zapateros que México registró

+En Hidalgo, Benjamín es hijo de uno de los pioneros en la fabricación en la década de 1930

+La peletería, la peletería Casa Ramírez permanece en Guzmán Mayer desde 1963

+Su hijo José, de 48 años, es el heredero del arte de reparar zapato

“Yo aprendí a ser un buen zapatero porque empecé a ayudarle a mi padre a los ocho años. Me gustaría que el negocio continuara porque es un recuerdo, una enseñanza, un legado de él”

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