Una mano se levantó de manera tímida, como queriendo ser vista y al mismo tiempo ser ignorada, cuando tuvo el micrófono en sus manos su voz fue un susurro, poco a poco las palabras fluyeron hasta que se escucharon fuertes y emocionadas, su voz y el brillo de sus ojos se intensificaron porque recordó y compartió con el resto de los y las asistentes un recuerdo vivido con su abuelo. Luego otra mano se levantó en esa urgencia de compartir un recuerdo sobre su abuela, la niña tuvo el micrófono para reconocer que no tenía abuelos pero tenía dos abuelas, de una prefirió omitir sus recuerdos, de otra sus ojos brillaron de emoción. A manera de justificación por omitir a su abuela, señaló que sus recuerdos sobre ella eran cuando su madre sufrió mucho, la voz se quebró y los ojos se inundaron de lágrimas, luego de un silencio se repuso para decir que su abuela favorita siempre la trata con mucho cariño.

Los hechos referidos ocurrieron en la Feria del Libro Infantil y Juvenil Hidalgo (FLIJH) en la presentación del libro bilingüe –español y náhuatl– Bernardo y la abuela Venchulina, que se realizó ante un auditorio conformado por niñas y niños de quinto y sexto año de una escuela primaria de Pachuca.

El tema central de los cuentos contenidos en el texto es la relación de enseñanza-aprendizaje entre dos personas separadas por la edad pero muy unidas por el cariño que comparten, ante ese tema fue inevitable invitar a los pequeños y pequeñas asistentes para que compartieran un recuerdo grato tenido con sus abuelas y abuelos.

En un público conformado con 50 niños aproximadamente, primero se les preguntó quiénes tenían abuelos o abuelas, la mayor parte levantó la mano de manera afirmativa, luego se les pidió compartir una anécdota grata, entonces el número de manos se redujo, quizá porque algunos se intimidaron ante el espacio desconocido, o tal vez porque carecen de recuerdos agradables con sus ancianos o quizá porque no conviven con ellos. Esto último no es casualidad en la medida en que los adultos mayores han sido sacados del modelo ideal de familia.

En ese microuniverso conformado por estudiantes de primaria, pudimos enterarnos que las abuelas y los abuelos que aún conviven con sus nietos y nietas siguen fungiendo como cuidadores de los pequeños, hecho que pudimos corroborar cuando recorrimos los pasillos de la feria, pues niñas y niños estaban acompañados por adultos mayores. Quizá en versiones futuras de la FLIJH sería grato integrar talleres que aborden la importancia de la convivencia cotidiana entre niños y adultos mayores en la transmisión de la visión del mundo, es decir, en la transmisión de la cultura. Otro taller podría ser los cuidados de los adultos mayores a cargo de los menores de edad, pues ambos –infantes y ancianos– son la población más vulnerable y asiduos asistentes a la FLIJH.

Ya que carecemos de una feria del libro específica para los adultos mayores, entonces deben ser reconocidos como asistentes de las ferias infantiles en su calidad de cuidadores de sus nietos y nietas, ese trabajo les merece una actividad en su honor en los eventos culturales que conmemoran a los libros.

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