Si hiciéramos un estudio en las diferentes casas de apuestas sobre quién resultará campeón de la Liga MX, a unas horas de conocer a los finalistas, seguramente la mayoría señalaría a Tigres como nuevo monarca del balompié mexicano. Sí, primero debe visitar Tijuana para amarrar su boleto a la última instancia del torneo, pero con dos goles a su favor es difícil pensar que los comandados por Ricardo Ferretti serán superados.
Del otro lado, la moneda sigue en el aire entre Chivas y Toluca. Luego de un partido de ida y vuelta en el recinto choricero, todo se decidirá esta noche en el estadio Omnilife, donde la localía tiene un peso importante, como quedó expuesto en los cuartos de final frente a Atlas. En perspectiva, cualquiera de las combinaciones sería emocionante: asumiendo que Tigres se queda con el primer boleto, enfrentar a Toluca en su centenario significaría una motivación especial para ambos clubes. ¡Y qué decir de Chivas! Tendrían la oportunidad de terminar una sequía de títulos de 11 años.
Además, de concretarse una final ante Chivas, podríamos atestiguar una lucha épica de cartera contra cantera. Como podemos suponer, Guadalajara representa la base de la selección mexicana que disputará la Copa Oro este verano. Con jóvenes promesas del futbol nacional en gran estado físico y futbolístico, resultaría una “prueba piloto” la hipotética final para contemplar las posibilidades de nuestro país de defender el título de Concacaf. Al mismo tiempo, los de la Universidad Autónoma de Nuevo León tendrían una oportunidad inigualable para plantarse firmes como amos y señores de liga que se distingue por hacer posible lo imposible.
Siendo ambas combinaciones inéditas, fue Javier Faitelson quien resumió la circunstancia actual de la liguilla: “quien le gane a Tigres será campeón”. Luego de perder la final de la Concachampions ante Pachuca, los regiomontanos enderezaron el camino y lograron colarse a tiempo a la fiesta grande. El campeón despertó al fin, luego de la memorable hazaña de ganar una final en Navidad, y lo hizo en plan indestructible. Dándose el lujo de humillar a su archirrival, con la superestrella ibérica en estado de gracia y el siempre incondicional apoyo de su afición, no hay por dónde detener al felino.

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