Es indiscutible que el uso de datos y su análisis en grandes volúmenes, lo que se ha llamado Big Data, ha traído grandes ventajas y ha constituido una herramienta sumamente útil en distintos ámbitos de la vida humana; sin embargo, a veces se deja de lado a la ética en los ámbitos novedosos vinculados con el desarrollo tecnológico como este o el de la inteligencia artificial, olvidando que toda tecnología debe guiarse siempre por principios y valores éticos. La recopilación, gestión, análisis y utilización de datos, no es ni puede ser ajena a la ética. Como ustedes saben, en los últimos años la Auditoría Superior de la Federación (ASF) ha comenzado a utilizar herramientas de Big Data y su analítica para potenciar los efectos benéficos de los trabajos de auditoría. Estos instrumentos han contribuido a procesar de manera más ágil, útil y expedita la gran cantidad de información que genera el ejercicio de un presupuesto nacional de más de 6 billones de pesos anuales.

Además, nos han permitido tomar mejores decisiones respecto a la planeación y ejecución de nuestras auditorías, potencializando los resultados y el impacto de la fiscalización de recursos públicos, ya que a partir de ellos podemos inferir relaciones, establecer dependencias y predicciones de resultados, y comportamientos. Asimismo, ha permitido instrumentar novedosos mecanismos digitales para sistematizar la información que se genera en los repositorios de información sobre las auditorías que practicamos.

Ante la generalización del uso de estas nuevas herramientas que nos brindan las tecnologías de la información, en la ASF estamos convencidos de la importancia de acompañar el uso de datos en la actividad auditora de una política de ética de datos.

Por ello, esta semana se realizó un taller de capacitación e intercambio de buenas práticas con expertos internacionales de las entidades de fiscalización superior de otras naciones que han dado pasos equivalentes en esta materia, como lo son Perú, Finlandia, Reino Unido, Estados Unidos y Nueva Zelanda; así como expertos en la materia de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

En el taller se subrayó la importancia de que los marcos reguladores de la ética de datos a nivel internacional complementen los ya existentes en las prácticas auditoras, pues su objetivo debe orientarse a que los servidores públicos involucrados en el manejo de datos en el entorno digital desarrollen su actividad con integridad; pero su efectividad requiere tener una base de gobernanza de datos a nivel institucional.

Dentro de los ponentes destacados estuvo, la maestra Tytti Yli-Viikari, auditora general de la Oficina Nacional de Auditoría de Finlandia (Naof), quien participó en la mesa denominada “La ética de datos y la protección de la privacidad” y destacó que en cualquier circunstancia se debe guiar el comportamiento por códigos de ética; siendo que en el caso de las entidades de fiscalización aplican los principios de integridad; independencia y objetividad; competencia; comportamiento profesional, y, confidencialidad y transparencia.

Asimismo, la OCDE compartió el trabajo que están realizando para fomentar las buenas prácticas en esta materia; por ejemplo, se creó un grupo de trabajo con la misión de desarrollar una guía práctica orientada a la acción para el uso ético de datos en el sector público.

Estamos convencidos que nuestra labor fiscalizadora requiere de potencializar el uso de datos y de nuevas tecnologías, pero siempre acompañado de una política ética para el uso apropiado y responsable de los mismos. Por ello es importante tener en cuenta los elementos que la ética nos aporta para atajar los desafíos responsablemente y brindar a la sociedad los beneficios que los datos pueden darle, sin sufrir sus potenciales efectos negativos.

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