El cambio de siglo entre 1899 y 1900 se vio gratificado con la angustia de un grupo de escritores cuyas obras, sin relación personal o profesional entre ellos, sí expuso las inquietudes que permearon el ambiente intelectual de la época. La creciente ola comercial resultada del crecimiento industrial en los países que modificaron su capacidad productiva también fueron los que sin advertirlo estaban alcanzando un cambio de conciencia que no se percibía en otro ámbito excepto el de las artes.

Mientras por un lado Herman Melville moría en 1891, en 1895 Joseph Conrad se abría paso con una obra de temáticas y estilo indefinibles, que oscilaban tanto en la vida en altamar y las odiseas de sus protagonistas como una especie de ambigüedad moral desde la que su autor se encaramaba sobre una estatura en la que cada sesgo de las diferentes narraciones a su nombre a la vez anotaban una lucidez sobre la condición humana que no se encontraba por ningún lado en los narradores previos a él, Melville, Stevenson u otro del mismo periodo finisecular.

Para 1915, con La línea de la sombra, en la que asoma la amenaza de la primera Guerra Mundial, el ocaso de su juventud, así como las rémoras de lo que para Conrad representó una madurez plagada de recuerdos sobre una existencia en la que se refinaban episodios –algunos indescifrables– sobre la vida misma, la segunda década del siglo XX estaba dejando claro que los veteranos en proceso de reconciliación con su pasado también estaban dejando un legado complejo al que había que mirar más de dos veces para percatarse de su justa dimensión. Apenas cuatro años después, se descubriría Billy Budd, de Melville.

Proeza entre muchas del creador de Moby dick, cuando se supo de la existencia de la obra inédita y desconocida, la primera reacción, así como la primera suposición congruente de todos los escritos que se mantienen ocultos y bajo llave durante la vida del autor, quizás por muy buenas razones, la primera de ellas, una casi segura baja calidad que no compite con la demás obra del escritor, en el caso de Billy Budd se debió a la necesidad de trabajo secundario sobre los manuscritos, cuyo desorden ni su esposa o secretaria lograron desenmarañar pese a dedicarle mucho tiempo tras la muerte de su esposo.

A medida que pasaron los años, Billy Budd se convirtió en uno de esos eventuales desafíos que solo ciertos espíritus aventureros aceptan tomar por retos, hasta que la obra se descifró para una versión que todavía hoy es la considerada definitiva e inmortalizó a Melville por segunda ocasión, luego de su leviatán blanco.

Ubicada también en un barco, Billy es un jovencito carismático quien tiene la suerte de integrarse a la tripulación justo en una época cuando la Revolución francesa representa el eje que mueve al mundo y cualquier insurrección o batalla innecesaria no solo constituye un desacato ante los superiores al mando, casi es considerado sacrilegio. A bordo del Bellipotent, Billy se convierte en el adversario de John Claggart, quien no solo desprecia al muchacho, decide incriminarlo como responsable de un motín, que degenera en un juicio y la subsecuente espiral que instaló a Billy Budd en calidad de obra maestra.
Ya reconocida como título inevitable de la literatura universal, Benjamín Britten apenas terminó de leer la novela corta, buscó el apoyo de EM Forster para escribir el libreto de la que se convertiría en una de las óperas más celebradas de la música anglosajona, incluidas adaptación y libertades que ni por asomo figuraban en el trabajo original.

Así como en la actualidad se recuerda Mad max: the road warrior como uno de los primeros testamentos del cyberpunk, cuyo distintivo consiste en el relato de una historia de un hombre agonizante, quien revive los recuerdos de su encuentro con el hombre que salvó a su comunidad, es decir, la memoria de un futuro inexistente protagonizado por un estepario que defiende una esperanza famélica, la adaptación de Forster y Britten hizo de Billy Budd el antagonismo de las virtudes contra la barbarie, en el recuerdo de uno de los tripulantes del barco, para quien la memoria de los momentos que compartió con Billy y Claggart fueron de tal naturaleza intensos que se perdieron en altamar, pero esbozaban la historia del hombre por venir.

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