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Siempre, en los primeros días de mis clases donde abordo temas del ejercicio periodístico, leo a mis grupos un texto de mi maestro Manuel Buendía: “Elogio al periodismo”, un discurso que escribió en 1984. En los primeros párrafos él destaca a Blanche Petrich, que ya brillaba en los escenarios de la prensa mexicana:
“Esta pequeña es una de las mejores, más activas y bravas reporteras que haya visto en mi no corta experiencia. Ella cubrió uno de los frentes en la Revolución de Nicaragua y estuvo en los inicios de la Revolución salvadoreña.”
Siempre en este punto, las que ponen más atención son mis alumnas. Así empiezan a memorizar el nombre de Blanche Petrich, la toman como su ejemplo, sueñan con ser una reportera tan audaz. El texto también evoca una anécdota donde ella interrogó con gran inteligencia a un poderoso militar:
“El general Haig tuvo que echar mano apresuradamente de sus conocimientos tácticos para salir lo mejor que pudiera de aquel enredo. Abruptamente calificó de impropia la pregunta y cedió la palabra a otro periodista. Media hora después, la conferencia había terminado. El entonces segundo hombre más poderoso de los Estados Unidos quedó unos instantes en la sala, para unas fotos. Haig se vio junto a la curiosa mujercita que lo pusiera en aquel brete. Se inclinó hacia ella y le preguntó de dónde era. Con las más transparentes de sus sonrisas ella respondió: ‘De México, por supuesto’”.
Así es Blanche Petrich, a quien un día conocí en el periódico La Jornada y su carisma iluminaba toda la sala de redacción. Recuerdo también, que cierta vez, participamos en una mesa redonda de mujeres periodistas. Admirada, la escuché hablar de sus estrategias para cubrir sucesos noticiosos y del compromiso periodístico de siempre denunciar. Después hablé yo, de mi tema de siempre, las mujeres y la prensa. Nunca olvidaré lo que me dijo:
“Creo que te voy a ‘odiar’, moviste algo en mí… Yo he cubierto guerras, situaciones dramáticas de la vida humana, pero, ¿sabes? No había detenido mi mirada en las mujeres. No las había visto. Miraba el triste panorama en general pero nunca me había centrado en ellas, en su condición, en la marginación que sufren por ser mujeres. Y ahora, lo haré.”
Por eso, agradezco a la vida que yo haya tenido la oportunidad de formar parte de este jurado que la propuso para reconocer su trayectoria. En cuanto desdoblé la tarjeta donde habían anotado su nombre como una de nuestras candidatas, recordé esa figura nada frágil tan llena de fuerza. Sus notas en la primera plana del Uno más Uno o La Jornada. Su mirada clara y transparente. Ese bastón que jamás le estorbó para cubrir los sucesos noticiosos. Esa entereza moral, que Buendía desde siempre observó en ella.
Y luego, su voz suave, tan sorprendida y agradecida, cuando la felicitamos por teléfono. El “Gulp” que compartió en redes sociales, sencilla y halagada, pero todavía incrédula. Blanche Petrich, merecedora del Premio Nacional de Periodismo 2016 por su trayectoria.

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