Una cadena de errores diplomáticos, políticos y personales del gobierno mexicano desataron el conflicto diplomático más grave de nuestra historia reciente. Los desatinos, tanto de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) como del improvisado y errático canciller Marcelo Ebrard, marcados por la soberbia en sus actuaciones, llevaron a que Bolivia no solo expulsara de su territorio a la embajadora mexicana, sino que de paso exhibiera a la mal llamada cuarta transformación ante los ojos del mundo, como un gobierno ignorante e incompetente.

Sí, la improvisación, uno de los sellos de la administración de AMLO que más caros le está saliendo a todos los mexicanos, cuyo reciente ejemplo fue el desplante populista de querer vender el avión presidencial y por el cual pagaremos 16 millones de pesos por renta, cuidado y mantenimiento, mientras que el sexenio pasado prácticamente se pagó lo mismo: 17 millones de pesos, desnudó las profundas carencias diplomáticas del gobierno mexicano, que se exhibió en el ámbito internacional como un novato con el affaire Evo Morales que, hoy por hoy, generó prácticamente la ruptura diplomática con Bolivia.

¿Cómo se llegó a esa situación en la cual hasta el gobierno español se ha visto involucrado ante la torpe y desastrosa intervención del gobierno lopezobradorista tras la renuncia de Evo y su obligada y vergonzante salida de Bolivia? ¿Cuáles fueron los pasos fallidos de AMLO y de Ebrard para detonar un conflicto diplomático del cual no se tiene registro ni memoria, de uno similar, por sus características y gravedad? ¿Por qué el presidente de México ha sido exhibido a nivel internacional como un vulgar “cobarde matoncito” por parte del gobierno boliviano? ¿A dónde nos llevará todo eso?

Vale la pena, entonces, echar un vistazo a los errores evidentes e innegables de AMLO y de Ebrard en la relación con Bolivia, y que vulneró en tiempo récord la imagen del presidente de México en la última semana al grado de obligar tanto al canciller Ebrard como a la secretaria de Gobernación a clamar por la “unidad nacional” para defender a López Obrador, llamado que no encontró eco ni respuesta positiva debido, principalmente, a la tradicional postura bravucona y grosera de AMLO durante su primer año para con todos los que han cuestionado sus pésimas decisiones de gobierno. Se cosecha lo que se siembra.

Revisemos, pues: Refugiado. El primer error grave del gobierno mexicano fue ofrecerle asilo a Evo Morales tras su salida de Bolivia, ya que la figura del asilado, de acuerdo con los especialistas en derecho internacional, tiene que solicitarse a determinado país por parte del personaje en conflicto, más no debe ofrecerse por parte de ningún gobierno hacia el personaje. Ebrard hizo las cosas al revés: ofreció asilo cuando a nuestro gobierno no le correspondía hacerlo, y por tanto, Morales llegó a México más en calidad de refugiado que de asilado.

Golpe de Estado. En su soberbia y aldeanismo, tanto AMLO como Ebrard de manera precipitada y hasta irresponsable, calificaron lo sucedido con Evo Morales como “golpe de Estado”, sin tener más elementos que lo dicho por el propio Evo, carentes de reflexión inteligente y análisis a fondo. Error grave. No solo ofendieron a los millones de bolivianos que votaron en contra de Evo Morales en las recientes elecciones y que ya estaban hartos de su dictadura política (14 años), sino que tanto el presidente como el canciller lo proclamaron desde Palacio Nacional, lo que elevó el conflicto a un nivel de gobierno vs gobierno, avalado por el primer mandatario mexicano. Lo ideal hubiera sido fijar la postura desde Relaciones Exteriores y con la presencia únicamente de Marcelo. Pero la soberbia personal y la ignorancia diplomática los mató.

Conspiración. Ya en la capital del país, a Evo Morales le fue permitido absolutamente todo: desde conspirar a la distancia y llamar a sus seguidores en Bolivia a derrocar al gobierno emergente de la presidenta Jeanine Áñez, al incitar, inclusive, a bloquear su frontera para impedir el paso de alimentos. Evo estaba moviéndose a sus anchas y no paraba de incitar a la violencia ante la complacencia de AMLO y de Ebrard, en flagrante violación a las leyes de asilo. “Morales incita a la violencia desde México, lo que atenta contra la estabilidad del gobierno constitucional, la paz social y los derechos humanos del pueblo boliviano”, alertó la cancillería boliviana, y advirtió que México desconocía la Declaración sobre el Asilo Territorial del 14 de diciembre de 1967, que establece que los Estados que concedan asilo no deben permitir que los asilados “se dediquen a actividades contrarias a los propósitos y principios de las Naciones Unidas”. El gobierno de Áñez expresó “su profunda molestia” a López Obrador por “la violación de los principios que rigen la institución de asilo político”.

Pinochet. Tras la molestia del gobierno de Bolivia, López Obrador respondió de manera errada y confusa históricamente. Tras denunciar el asedio a la embajada mexicana en La Paz y pedir “que se respete el derecho de asilo”, aseguró que “eso no había sucedido ni en el golpe militar de Chile orquestado por Pinochet”. Mientras, Ebrard amenazaba al gobierno de Áñez con presentar un recurso ante la Corte Internacional de Justicia “por el asedio a la embajada mexicana en La Paz”.

Cobarde matoncito. La contrarrespuesta del gobierno boliviano fue brutal: el ex presidente y vocero actual Jorge Quiroga calificó de “cobarde matoncito” a López Obrador ante su intervencionismo en el conflicto boliviano. No lo bajó de “cobarde, sumiso, servil y cínico”. “¿No te da vergüenza? Estás arrodillado ante Trump. Tu servilismo a Maduro deshonra al gran México”, le sorrajó Quiroga a AMLO; en tanto, el ministro del Interior del gobierno de Bolivia Arturo Murillo le respondió directamente a Ebrard: “Hoy nos amenazan con llevarnos a la Corte. Allá nos veremos con mucho gusto y veremos quiénes han violado el tratado”.

Huída. Ante la furiosa embestida del gobierno de Bolivia, López Obrador reculó, se mostró temeroso y solo atinó a decir que no iba a caer en “dimes y diretes”, y aprovechó para anunciar que mejor tomaría días de descanso por el fin de año. Ebrard, ante la felpa diplomática recibida desde La Paz, se limitó a pedir “unidad nacional” en torno al presidente y junto con Olga Sánchez Cordero manifestaron que habían ofendido a México. Nadie se tragó la arenga conjunta de Ebrard y de la secretaria de Gobernación. Era manifiesto que el enfrentamiento iba directamente contra el intervencionismo presidencial personal desde Palacio Nacional y no un problema entre dos naciones. Ninguna respuesta popular tuvo el llamado de los funcionarios del gobierno mexicano.

Expulsada. AMLO y Ebrard estaban derrotados por la contraofensiva boliviana ante el affaire Evo Morales, quien tuvo que salir del país más por exigencia del gobierno de Donald Trump que por decisión de López Obrador que, una vez más, se postraba ante los ordenamientos llegados desde Washington. Y cuando creyeron que el reposo de fin de año apaciguaría los ánimos, desde La Paz les llegó el tiro de gracia: el gobierno boliviano declaraba el lunes “persona non grata” a la embajadora María Teresa Mercado y le daba un plazo de 72 horas para abandonar el país. Mazazo en la nuca a la errática, confundida y soberbia diplomacia mexicana. La Secretaría de Relaciones Exteriores solo respondió que ya tenían listos los aviones que regresarían a nuestros compatriotas.El presidente de México está pagando muy caro haber nombrado canciller a Marcelo Ebrard. A la usanza del Partido Revolucionario Institucional, a final de cuentas ambos expriistas, en lugar de designar para Relaciones Exteriores a un diplomático de carrera, con prestigio internacional, pero sobre todo conocedor de las leyes diplomáticas internacionales, AMLO prefirió a su amigo y colaborador para el cargo, ante la profunda molestia de los diplomáticos de carrera que vieron el nombramiento como parte de los viejos privilegios que el sistema priista daba a sus incondicionales. Más de lo mismo.

Hoy, AMLO paga las consecuencias funestas de haber enviado a Marcelo a la SRE: Un presidente señalado ante el mundo como “cobarde y matoncito”. Un canciller de papel exhibido por su torpeza y soberbia. Un gobierno vapuleado en la escena internacional.

¿Y Evo Morales? Disfrutando de la vida en Argentina y sin darle las gracias a México.

¡Qué vergüenza!

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