La venta clandestina de pirotecnia es un secreto a voces. Todos en este país, y particularmente en Pachuca, saben dónde y cómo conseguir un puñado de cohetes, que con un manejo inadecuado podrían hacer estallar media ciudad. La temeraria acción de comercializar pirotecnia raya en la arbitrariedad, aun tratándose de un delito federal que se paga hasta hoy, de acuerdo con la Ley Federal de Pirotecnia en su artículo 66, con la pírrica cantidad de 4 mil pesos de multa. Las autoridades callan, toleran. Su prohibición es un eufemismo plagado de impunidad. Los clientes existen, sin duda, y su presencia alimenta peligrosamente la ley de la oferta y la demanda. La periodista Sandra Franco realizó un recorrido por la plaza Constitución, la zona más antigua de la capital de Hidalgo, en su andar contabilizó al menos 35 puestos de venta de pirotecnia. Bombas de tiempo regadas. En la edición de este sábado, Libre por convicción Independiente de Hidalgo entrega una crónica de esa travesía entre ambulantes. Desde la calle Ocampo, a un costado de la presidencia municipal, es común encontrar cajas de unicel repletas de cohetes de todas las formas y tamaños, adornados con colores vivos que llaman la atención de los principales clientes: los niños. Por increíble que parezca, hay padres o madres que complacen a los más pequeños del hogar con ese tipo de artefactos que, dicho sea de paso, son armas mortales en manos de inocentes. Pero más grave aún resulta la complacencia de la Secretaría de la Defensa Nacional, encargada de aplicar la Ley Federal de Pirotecnia. Ni Protección Civil ni la Policía estatal o municipal se paran por el lugar para inhibir esa práctica. Corrupción es su nombre. Una chispa involuntaria o un roce de materiales, aquello se convertiría con toda seguridad en una ventana a la muerte. Una tragedia prevenible de dimensiones descomunales que nadie desea. El llamado es para las autoridades, pero principalmente para padres de familia a no convertirse en eslabones de la cadena de corrupción. De filón. Los taxistas celebraron ayer su día. Un gremio, usado a malsana por el otrora partido hegemónico, que todos los días sufre el asecho de la feroz delincuencia.

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