Brasil, te llevo en el corazón

357
Brasil

La Unicamp lucha también por mejoras en el medio ambiente, una característica de la educación brasileña

Denithza Betzabeth de la Cruz Pérez
Licenciatura en administración

Vivir en Brasil no solo se queda en una simple frase. Decir “moré en Brasil” significa más que haber llegado y haber estado ahí. Significa vivir Brasil con todos sus contrastes; significa haber conocido la parte turística y la parte cotidiana, haber visitado la parte bonita que el país muestra al mundo, pero también haber conocido su contraste.

Más allá de la samba y los carnavales, del futbol y las copas mundiales, de la selva y los orígenes europeos, existe un Brasil que lucha por ser conocido, que se enfrenta diario contra sí mismo y que todo aquél que lo conoce por primera vez llega a confundirse.

Cuando llegué a São Paulo con escasos conocimientos del portugués y con todo un semestre lejos de mi México por delante, me sentí sobrecogida. Pensé: “¿Cómo pude haberme metido en este viaje?”. Estaba sola, con unos pocos reales en el bolsillo y con unas vagas frases en portugués que difícilmente vinieron a mi mente cuando me armé de valor y le pregunté a las personas cómo llegar a donde tenía que hospedarme; peor aún, cuando tuve que buscar una casa para morar todo el semestre.

Sin embargo, el miedo es solo una condición mental que responde ante un agente externo que podría lastimarnos, así que me pregunté: “¿Cuál es el peligro aquí?” ¿La respuesta? Yo misma, si no me atrevía a salir de mis propios complejos, jamás podría socializar. Solamente dejé mi mente en blanco y empecé a dirigirle la palabra a todo aquél que tuviera cerca, sin importar que en ocasiones tuviera que darme a entender mediante señas y letreritos con mi teléfono.

¿Quién dice que las personas que hablan diferentes idiomas no se pueden entender? Ahí comprendí que el entusiasmo y la necesidad son el peor enemigo del miedo. Inténtalo.

Yo lo intenté siempre en la Unicamp (Universidad Estadual de Campinas), a la que orgullosamente pertenecí. Ella sabe acoger a todo extranjero que pretenda ser parte de sus filas y, aún más: en ese momento busca mezclar las culturas originarias de Brasil con las que vienen del extranjero; Unicamp representa autonomía educativa y constante lucha por la mejora social de Brasil.

La Unicamp lucha también por mejoras en el medio ambiente, una característica de la educación brasileña. Es lógico, ¿no? Viniendo del país que tiene a la selva Amazonas, “los pulmones del mundo”.

Ahora que recuerdo, los primeros meses fueron un cortometraje cómico. Entre conocer personas y tratar de comprendernos mutuamente, se fueron varios helados de açaí, algunos churrascos y, ¿por qué no? Una que otra feijoada. Ah, porque a la humanidad se le conquista con el estómago, pues bien: Brasil sabe cómo consentir los paladares. Quizá sea la cultura latina o quizá sea el hecho de ser “de sangre caliente”, sabrá Dios porqué los brasileños y los mexicanos se complementan muy bien cuando se trata de comer y socializar.

O bailar. No es solo la samba, sino el orgullo que ellos tienen por su bossa nova, por su sartenejo, por las danças dos Povos y hasta por su funky, que no se miden a la hora de ponerse a bailar ni de interesarse por los ritmos tropicales o actuales con los que ellos conocen a los hispanoamericanos. La música nos recuerda que somos latinoamericanos.

Latinoamericano… Sí, quizá no haya un país más céntrico que Brasil para unir a todo centroamericano, caribeño, sudamericano y mexicano. Es extraño, ¿no? Casi nadie recuerda que el portugués y el español son idiomas hermanos ni que eso nos convierte en países hermanos; más cuando nos encontramos fuera de nuestro hogar y lo añoramos, no podemos evitar ponernos felices cuando encontramos a alguien con quien compartimos un lazo cultural que normalmente ignoramos. Pensar en Argentina o Colombia nos trae a la mente rivalidades sin sentido, pensar en los centroamericanos nos hace sentir incómodos y quizá compararnos con Chile o Perú nos hace ufanarnos de lo que tenemos.

Somos como una familia cuyos hijos gustan de competir entre sí. Mas nunca podremos romper ese lazo y cuando sentimos alguna necesidad, ninguno duda en recibir a otro latino de forma cálida y ayudarlo. Somos América multicultural.

Por eso no pude evitar hacer comparaciones entre México y Brasil. Son históricamente parecidos: ambos tuvieron culturas indígenas muy arraigadas (aztecas en México, la cultura tupí guaraní en Brasil), fueron colonizados por un país ibérico y tuvieron casi tres siglos de colonia (incluso se independizaron casi al mismo tiempo), y vivieron en dictaduras. ¿Ahora? Ambos lideran a Latinoamérica, tienen problemas políticos, económicos y sociales.

Brasil y México, multiculturales

Son países cosmopolitas y a la vez llenos de carencias, son países de referencia en la región y también de los objetivos a superar. Ambos tienen una de las maravillas del mundo moderno y por sí solos están entre los países más megadiversos del mundo.

Hablar de Brasil es hablar de bellezas de la naturaleza impresionantes, es pensar en fauna peligrosa como las anacondas, pero también en animales que necesitan ser protegidos como sus marsupiales o sus delfines; Brasil significa mezcla de sangre europea, africana, indígena y asiática. Brasil es vivir el futbol, pero también emocionarse con los encuentros de voleibol, Brasil es playas paradisíacas y también sus selvas y bosques, Brasil es hablar de São Paulo o Río de Janeiro, pero también es hablar de Fortaleza o del tristemente olvidado nordeste.

Brasil es hablar de rezago educativo en el nivel primario, pero también es hablar de la USP y la Unicamp: las dos mejores universidades de América Latina.

Brasil es tanto Roberto Carlos como Caetano Veloso, es grafitti callejero como expositores de arte; Brasil es la tranquilidad que se respira en un día caluroso junto al mar,
y también es ambiente de lucha social.

Brasil es el resumen de todo.

Por eso, cuando regresé de Brasil, ya tenía una meta muy importante:
volver a Brasil.

Una mexicana cuando está en la tierra del Amazonas sabe que México “se lleva en la piel”, más cuando se aleja de ella, siente la saudade y piensa: “Brasil, te llevo en el corazón”.

Vivir en Brasil no solo se queda en una simple frase. Decir ‘moré en Brasil’ significa más que haber llegado y haber estado ahí

Comentarios