Una de las frases más conocidas de Groucho Marx es la que dice: “Inteligencia militar es un término bastante contradictorio”, además, dicha en un periodo de paz que nadie sabía si sería duradero o uno de los muchos espejismos de la carrera armamentista, ya que el mismo Groucho había participado en giras para divertir a los reclutas en campamentos temporales. Nadie mejor que él para saber en qué contexto usó dicha frase.

Pese a que un aspecto nuclear de la actual victoria sociocultural de la guerra consiste en ver y vivir los conflictos armados como el honor que proviene de prestar la vida a una empresa más allá del ser humano, en la práctica su justificación está en la banalización de la muerte mediante los videojuegos y argumentos cinematográficos que prestan nulo interés a la construcción de una narrativa, porque ya está comprada por la misma mercadotecnia del videojuego.

Y el arma más poderosa, eso sí, es la fantasía de un éxito extraordinario que mientras se narre y forme parte de una historia, mejor si es de las que se consideran oficiales, para entonces será por completo aplastante y más efectiva que una detonación.

Pero, ¿es cierto que la historia militar, que la historia misma, se encuentra exenta de estupideces? No, ni siquiera es una pregunta ociosa. Algunos de los conflictos armados que han trascendido la leyenda no son otra cosa que orquestas de imbéciles embellecidas con el tiempo a costa de la vida de miles de inocentes, a veces por ninguna otra razón que el deseo mórbido de ver cómo una persona agoniza, sufre o se desploma inerme.

Una de las más grandes desventajas del siglo XX ha consistido en que mientras los conflictos de origen imbécil, desarrollo no menos vergonzoso y un clímax con igual sello de nacimiento, para sorpresa y desagrado de sus perpetradores, se han convertido en el estigma de su tiempo, así como la verdadera razón porque serán recordados, sin importar cuánto se esfuercen para ocultar un episodio así.

Breve historia de la incompetencia militar comenzó su trayectoria editorial como un librito divertido con un tema de sobra malicioso. Prácticamente era de esos textos que habían cambiado el formato de la tesis universitaria por el de una entrega comercial, más o menos cuidada. Nadie se imaginaría que tras las intervenciones de Estados Unidos en Medio Oriente, el incidente de las Torres Gemelas, entre otros, la validez de lo que representa una guerra es una duda por completo plausible. En la cultura anglosajona, esa duda es inaceptable.

En un periodo histórico que abarca desde el siglo V después de Cristo hasta 1991, cuando se confecciona un golpe de Estado contra Mikhail Gorbachov, pero el alcohol hasta las cejas no bastó para disminuir el miedo de los opositores, el texto está compuesto por 16 capítulos la mar divertidos e inconcebible que no forme parte de al menos más referencias como la conjura del asalto a Bahía de Cochinos, donde contra todo pronóstico Estados Unidos estuvo al frente de la primera guerra transmitida por los medios y que el gobierno falló al encubrir y hasta la fecha niega su participación en el conflicto.

La falta de respeto a la milicia no es nueva; siempre hay un dejo de necesidad con el que se quiere recubrir a la existencia de cuerpos militares y salvo contadísimas excepciones, han recibido un argumento válido. Precisamente, uno de los autores más reconocidos de la cultura militar es John Philip Sousa, cuyo solo nombre está asociado a prácticamente a todas las marchas bélicas que han recibido la atención del planeta entero desde el siglo XIX.

No obstante, Sousa tiene en su haber una pequeña marcha que cae en la categoría del británico jolly good o jolgorio musical: The liberty bell. Aunque esta marcha surgió de la mano de un anglosajón norteamericano, se empleó N cantidad de veces para todo tipo de marchas y hasta carnavales. Nadie imaginó que se convertiría en el fondo musical de “Monty Python’s Flying Circus” y a partir de su uso en la rúbrica de la entrada, la seriedad de la marcha pasó al olvido.

Correo: [email protected]
Twitter: @deepfocusmagaz

Comentarios