Los presos de La Acordada fueron víctimas de tratos inhumanos, crueles y degradantes, la maestra María Luisa Rodríguez-Sala en su libro Cinco cárceles de la Ciudad de México, sus cirujanos y otros personajes: 1574-1820 refiere que La Acordada cerró sus puertas al ser abolida por la Constitución de Cádiz, que la consideró inconstitucional; los presos fueron trasladados a la Real Cárcel de Corte, ubicada nada más y nada menos que en el Palacio Nacional, donde vemos al presidente de la República cada año dar el tradicional Grito de Independencia.
No solo una parte del edificio actual de las oficinas del titular del Ejecutivo federal fue presidio, también lo fue el inmueble que ahora alberga la sede donde despacha el jefe de Gobierno de la Ciudad de México y que se conoció como Cárcel de la Cuidad o Cárcel de la Diputación.
Cárceles de la época de la Colonia con características similares a La Acordada lo fueron las inquisitoriales como: La Perpetua o de la Misericordia; La Cárcel Secreta, situada en plaza Santo Domingo, en lo que fue la escuela de medicina; y la cárcel de Ropería, estas últimas fueron cerradas al consumarse la Independencia. La mayoría de los tratadistas refieren que la prisión que sustituyó a La Acordada fue la Cárcel de Belem.
El presidio de San Juan de Ulúa es una fortaleza edificada desde los tiempos de Hernán Cortés, en el puerto de Veracruz, único en el mundo construido de coral blanco, material altamente resistente al agua del mar, por lo que se le auguran todavía muchísimos años de existencia; en la actualidad es un museo, cuya visita es una muy grata e interesante experiencia, no lo dirían de esa manera los que alguna vez fueron sus huéspedes durante la inquisición, el México independiente y el porfiriato.
En el recorrido turístico pueden apreciarse mazmorras tipo cuevas muy oscuras, donde se explica por parte de los guías que al estar alta la marea, todo el tiempo a los presos les llegaba el agua hasta las rodillas, por lo que muchos morían por las llagas gangrenadas, aunado a la tuberculosis y al tifo; en dicha fortaleza estuvieron presos fray Servando Teresa de Mier, impulsor de nuestro federalismo; y quien es considerado el mejor presidente de México, don Benito Juárez García.
Se cuenta que quien logró evadirse de dicha fortaleza fue Jesús Arriaga, mejor conocido como Chucho el Roto, intrépido y astuto estafador, que vestido elegantemente, robaba a los ricos para repartir el botín a los pobres, el Robin Hood Mexicano; se sabe que era originario de Santa Ana Chiautempan, Tlaxcala, nacido en 1858, aunque hay quienes afirman que es de Tianguistengo, Hidalgo. Independientemente de eso, él era un carpintero honesto que tuvo la osadía de tener una hija con Matilde Frisac, sobrina de un millonario que le fabricó delitos, por ese motivo Jesús Arriaga fue preso en la Cárcel de Belem y por influencias del acaudalado fue trasladado a la prisión de San Juan de Ulúa, donde se cuenta escapó en un barril para iniciar su carrera delictiva, fue reaprehendido y condenado a recibir 300 latigazos, lo que le ocasionó la muerte, aunque con el tiempo, al abrir su féretro, este estaba lleno de piedras, evidenciando que se fugó una segunda ocasión de dicho penal, habiendo personas que afirman haberlo visto en Saldarriaga, una población cercana a Querétaro. Esta historia fue inspiración de las primeras radionovelas y llevada a la televisión y al cine en repetidas ocasiones.
En el mismo bellísimo estado de Veracruz se encuentra otra legendaria prisión, que hasta hace muy poco dejara de funcionar como tal: la fortaleza de San Carlos de Perote, cuya construcción data de 1770 y que fue sede del primer colegio militar que se instituyó en México, ahí estuvieron presos los independentistas fray Servando Teresa de Mier y Francisco Xavier Mina; en la enfermería falleció el 21 de marzo de 1843 el general Guadalupe Victoria, primer presidente de México.
Al igual que la fortaleza de San Juan de Ulúa, la de San Carlos de Perote no siempre fue prisión, solo en algunas épocas de la historia nacional; fue el 27 de agosto de 1949 cuando el entonces gobernador de Veracruz, el licenciado Adolfo Ruiz Cortines, la puso en operación formalmente como penitenciaría del estado. Fueron décadas en las que se le consideró como una cárcel muy temida, hasta que el 20 de junio de 2007 dejó de ser el reclusorio estatal por disposición del licenciado Fidel Herrera Beltrán, gobernador de la entidad.

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