Queridos lectores, permítanme hacer una pequeña interrupción a su columna musical favorita (para envolver papayas) con el fin de compartir una pequeña reflexión sobre el Día del Comunicólogo acontecido ayer. Y es que, apenas me di cuenta, esta es la primera vez que escribo sobre la disciplina en la que me desempeño.
Ser comunicólogo es chévere: estudiamos bajo un enfoque inter y transdisciplinar, forjamos la seriedad y atención académica necesaria para nuestra labor, pero también somos lo suficientemente relajados para ocuparnos de saberes técnicos o que para otras disciplinas resultan triviales. Si a ello le sumamos las diferentes ofertas laborales a las que podemos aplicar, tenemos casi un póker de ases.
Sin embargo, considero necesario que los que llevamos más tiempo dedicándonos a esto pongamos sobre la mesa algunos puntos que deberíamos reforzar al tiempo que nos permiten aconsejar a nuestros colegas más jóvenes para no cagarla como nosotros lo hicimos. Son tres bastante simples pero significativos.
1. Leer. Sí, durante la licenciatura los docentes nos ponen a leer, pero francamente son pocos los colegas que prestan verdadero interés a ello. Terrible error. Ojalá no sea tarde para las generaciones venideras. Ojalá no se queden solamente con la superficialidad de las ciencias de la comunicación. Debemos leer, y mucho. Hay que leer textos académicos, de divulgación, literatura, cómics, etcétera, etcétera; pero hay que leer. Es sumamente triste observar a compañeros locutores que no saben quién inventó la radio o a periodistas que emplean palabras que ni siquiera existen. Leer nos ayuda a comprender nuestro entorno y con ello tomar una posición.
2. Humildad. Ser comunicólogo es cool, sumamente cool, pero ello no implica que perdamos el piso. En estos cinco años fuera de la licenciatura me ha tocado ver como varios compañeros de profesión se consideran deidades de los medios solamente por escriben en “x” lugar, porque su voz se escucha en “y” estación, o porque tuvieron un enlace con “z” televisora. Perdonen, pero no mamen, ¿dónde han dejado el compromiso de informar, de cuestionar, de denunciar? Y esto de la humildad también va para ti, pequeño youtuber, los números de visita y “me gusta” no indican que te hayas convertido en una voz autorizada sobre algún tema. Para eso, vuelve al punto uno.
3. Crítica. En la cena de graduación un compañero dio un discurso culero sobre la crítica. Si bien fue una búsqueda de atención por parte de este individuo, con los años me di cuenta de la importancia de la crítica. Con ello no me refiero a juzgar los comportamientos de los demás, sino más bien mirarnos en el espejo largo y tendido. Creo que estamos en un momento crucial: ya no se trata de ver qué pueden hacer las ciencias de la comunicación por nosotros, sino qué podemos hacer nosotros por las ciencias de la comunicación.
Pues bien, continuemos con los festejos por este grandioso día ya sea detrás de la computadora, el micrófono, la cámara, el salón de edición, el aula, la oficina o cualquier otra instancia que se les ocurra, pero también reflexionemos un poco sobre lo que significa ser comunicólogo. Hasta aquí mi reporte, Joaquín, y un abrazo gigante para toda la comunidad que hace del Independiente de Hidalgo un espacio afable para ejercer la profesión.

@Lucasvselmundo
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Licenciado en ciencias de la comunicación y maestrante en ciencias sociales. Reportero ocasional y columnista vocacional. Ayatola del rock n’ rolla. Amante de la cultura pop, en especial lo que refiere a la música, el cine y los cómics. Si no lo ve o lo lee, entonces lo escucha. Runner amateur, catador profesional de alitas.