Suena duro el título. ¡Burlar la ley! Y ¿quién puede animarse a burlarse de la ley si la ley es el Estado y el Estado se compone de territorio, sociedad y gobierno? Y por lo tanto, no se ve fácil meterle un gol.

Pero de la trilogía que conforma al Estado (territorio, sociedad y gobierno), son las leyes construidas y que dan forma y fondo al gobierno y con ellas conducen a la sociedad, para estar siempre dentro del multievocado Estado de Derecho. En los procesos legislativos, pocas veces se han visto y tenido voces populares que obliguen a parir leyes en favor de las mayorías.

Durante casi un siglo del priato, los malos legisladores parieron leyes que hasta la fecha nos norman, pero esas leyes también contienen las trampas para evadirlas y burlarse de ellas. Sí, tenemos hasta la fecha un andamiaje legal que solo responde a los intereses de saqueo del régimen que se supone derribamos el pasado primero de julio.

Hacer la ley, pero también hacer la trampa, esa fue la orden que siempre obedecieron diputados y senadores, cuyo arribo a las cámaras siempre fue condicionado por los saqueadores y manipuladores. Caso idéntico en los congresos locales.

Televisoras, mineras, transnacionales, refresqueras, cigarreras, transportistas, dueños de revistas, periódicos y radiodifusoras, farmacéuticas, sindicalistas, en fin, todos esos poderosos han estado bien representados y muy bien cuidados por sus peones hacedores de leyes. ¡Menos la indefensa sociedad trabajadora, que con su sudor mantiene al país de pie y pagándole a los gobiernos caros y malos que hemos padecido!
Superar ese escenario catastrófico no es ¡enchílame otra! Las décadas de vivir con leyes injustas nos sumergieron en el síndrome de Estocolmo, pues hemos terminado amando y defendiendo a quien nos secuestra, explota y empobrece.

¿Quién burla la ley? La burlan aquellos vivales que se han enriquecido y empoderado usando la legalidad injusta. La burlan aquellos que lo que saquean del erario público lo llevan a sus casas y lo ven como progreso y ganancias. Burlan la ley los cínicos que de malos servidores públicos se transforman en empresarios de la construcción y el producto de sus hurtos lo exhiben con cinismo en propiedades, negocios y lujos, atenidos a la cobardía y pasividad de los saqueados. La burlan aquellos que, como Murillo Karam, se apoyan en leyes hechas por sus lacayos para poder adueñarse de todo lo que se le antoje. La burlan los endemoniados con sotana que dicen que las narcolimosnas quedan purificadas al caer en sus urnas. La burlan los que contaminan ríos, los que deforestan, los que fraccionan tierras sin respetar nada, los que abandonan a mineros muertos a 600 metros de profundidad, los que venden medicamentos y comestibles que dañan la salud y también la burlan, aquellos que siendo autoridades, permiten que eso suceda.

En fin, es un largo rosario de burlas a la ley, al extremo de que 97 de cada 100 delincuentes la burlan, lo que nos lleva a pensar: es un gasto inútil que hacemos al mantener el aparato de “impartición de justicia”.

Lo fresco y cotidiano en las burlas a la ley lo hace Omar Fayad al provocar que Israel Félix ande en precampaña con dinero nuestro. Se burlan de la ley al usar al Estado como el trampolín y al presupuesto como su caja chica para los negros fines que buscan.

¿Con qué autoridad pondrán orden en el estado cuando sean los reales y legales tiempos electorales? ¡Con ninguna! Ya la perdieron, y se les puede ir de control todo el proceso venidero. Y creo que ellos se lo han ganado, aunque la sociedad pueda perder.

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