ELSA ÁNGELES

Pachuca.- En el mundo hay urgencia por sustituir el parque vehicular que se mueve con gasolina por modelos con fuentes de energía distintas, como son los autos eléctricos, con celdas solares o con hidrógeno; no solo porque los hidrocarburos se agotarán en un futuro, sino por su impacto negativo al medio ambiente y el costo de su producción.

La industria automotriz es uno de los sectores económicos que mayor inversión hace en ciencia y desarrollo científico, y ya existen avances para lograr vehículos a base de hidrógeno, “pero circular con un tanque con este elemento, que es altamente explosivo, es un gran riesgo”, explicó Víctor Esteban Reyes Cruz, doctor en ciencias con especialidad en ingeniería electroquímica.

Por ello, el investigador del área académica de ciencias de la tierra y materiales de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), junto con el doctor en química José Ángel Cobos Murcia, trabajan en crear celdas electroquímicas capaces de producir hidrógeno in situ, es decir, dentro del automóvil, para evitar el riesgo de transportarlo en un tanque.

“Nuestro proyecto consiste en desarrollar el material adecuado para que las celdas tengan durabilidad, estabilidad y tamaño adecuado que permita colocarse dentro del cofre de los vehículos y ahí se produzca hidrógeno gaseoso, que estaría suministrando directamente a la cámara de combustión de los motores con un ahorro en el consumo de gasolina de hasta 20 por ciento.”

El proyecto de los investigadores de materiales de la UAEH podrá aplicarse en vehículos eléctricos, donde el hidrógeno sustituiría las baterías de litio, o en automotores de gasolina, “donde generaría ahorro de combustible; además de otros usos en la industria que requiere fuentes de energía como electricidad”, explicó José Ángel Cobos, quien añadió que ese desarrollo está en proceso para lograr su patente.

El investigador de la UAEH Víctor Reyes,
junto con el doctor en química José Cobos, trabajan en crear celdas electroquímicas capaces de producir hidrógeno in situ, es decir, dentro del automóvil

Víctor Esteban Reyes Cruz

Es doctor en ciencias con especialidad en ingeniería electroquímica por la Universidad Autónoma Metropolitana, donde también realizó su maestría en química bajo la misma línea. A nivel licenciatura es ingeniero químico.
Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) con nivel uno y cuenta con perfil deseable del Programa para el desarrollo profesional docente (Prodep).
Como investigador, sus líneas de estudio son: corrosión, electroquímica, recubrimientos y energías alternativas. Ha participado en 28 proyectos, lo que ha derivado en la publicación de 29 artículos en revistas indexadas, 13 en revistas arbitradas y 11 capítulos de libro, como principales productos.
Entre otros reconocimientos, participó en la consolidación del cuerpo académico de Metalurgia en 2016; es parte del padrón de investigadores y tecnólogos de Hidalgo, y miembro de la Sociedad Mexicana y de la Internacional de Electroquímica. Además, coordinó el doctorado en ciencias de los materiales.

José Ángel Cobos Murcia

Es doctor en química por la Universidad Autónoma Metropolitana. Cuenta con estudios como técnico en fermentaciones y licenciatura como químico farmacéutico biólogo. Actualmente es candidato al SNI.
Realizó una estancia de investigación como becario de la Academia Mexicana de Ciencias en el Centro de Investigación y Desarrollo Tecnológico en Electroquímica, en Querétaro.
Su tesis de doctorado lo hizo acreedor al Premio de la Investigación 2007 y realizó una estancia posdoctoral en la Facultad de Química de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Trabajó en la Facultad de Ciencias Químicas de Orizaba y en el Tecnológico de Monterrey campus Veracruz. En 2014 fue beneficiado con la Cátedra Conacyt y fue designado a la UAEH con el proyecto Innovación en procesos electroquímicos para el tratamiento, producción y recuperación de metales. Desde 2018 es parte del grupo de investigadores de la institución.

1 La industria
automotriz es uno de los sectores económicos que mayor inversión hace en ciencia y desarrollo científico, y ya existen avances para lograr vehículos a base de ese elemento

2 La primera
celda de combustible fue construida en 1839 por sir William Grove, un científico francés que demostró que la combinación de hidrógeno y oxígeno generaba electricidad, además de agua y calor

¿Por qué hidrógeno?

El hidrógeno puede ser la respuesta para muchas demandas emergentes en industrias que utilizan pilas en el suministro corriente a sus procesos, como es el sector automotriz, y que hasta el momento su principal elemento es el litio, el metal más liviano y con excelentes condiciones en la conducción del calor y la electricidad.
Lo que puede desplazar el uso del litio es el hidrógeno, el elemento químico más ligero, porque en su estructura atómica solo tiene un protón y un electrón; un gas que no tiene olor, color ni sabor, y es abundante en la Tierra y en el Universo.

Además, es el principal constituyente de la materia orgánica, junto con el carbono; basta recordar que dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno forman el agua.
Por esas características, actualmente es utilizado como reactivo y combustible en automotores, ya que es una fuente de energía limpia y renovable.

De hecho, la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA, por sus siglas en inglés) utiliza el hidrógeno como combustible en sus cohetes, junto con flúor u oxígeno para la propulsión, pues se convierte en la sustancia más inflamable conocida hasta ahora.
La celda de combustible es una membrana en la que se mezclan el hidrógeno y el aire de la atmósfera. De su unión surge una corriente eléctrica que sirve para mover un motor eléctrico en el caso de los vehículos.

La conversión de hidrógeno gaseoso en electricidad solo produce agua y calor como subproducto, lo que significa que los vehículos con celdas de hidrógeno no generan contaminación.
La primera celda de combustible fue construida en 1839 por sir William Grove, un científico francés que demostró que la combinación de hidrógeno y oxígeno generaba electricidad, además de agua y calor.

Esa tecnología se retomó en la década de 1960, cuando el programa espacial de Estados Unidos (EU) seleccionó las celdas de combustible para proporcionar electricidad y agua a las naves espaciales Gemini y Apolo.

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