Amigo lector, el pasado 3 de noviembre fui víctima de un terrible asalto. El creador intelectual de esa espantosa acción es el actor Mariano Acosta, director de la compañía Las hijas de Antígona, quien ha osado usar su pistolita contra el público pachuqueño para apuntarnos con la obra Falsa crónica cabaretera del amor prohibido, montada en Neuroforo.
Desde hace muchos años el escenario ha sido el medio ideal para que hombres con tacones, peluca, vestido corto y entallado se regodeen en un comportamiento amanerado, haciendo una falsa y nefasta imitación femenina, para volverse héroes de lo ridículo, de lo prohibido y de lo indecible. El espacio indicado para esa clase de escenificaciones serían los cabarets. Pero empecemos a desmenuzar ese género espectacular. Con los conceptos de civilización y organización política, los seres humanos hemos vivido bajo una serie de represiones morales, sociales, ideológicas y sexuales que han sido heredadas de generación en generación. También con el paso del tiempo el concepto de represión cambió y los parámetros de libertad abrieron sus horizontes. Para lograr esa aparente liberación, mucho ha contribuido el arte, puesto que es un medio de diálogo social, ideológico y estético, en el cual “todo está permitido”. Lo entrecomillo porque sabemos que en el arte, históricamente han sucedido innumerables persecuciones represivas, regularmente llevadas por la feroz ignorancia.
Así, el cabaret originario de Francia fue un refugio de actores, mimos, filósofos, músicos, escritores y bailarines que concibieron espectáculos políticamente contestatarios y divertidos caracterizados por el espléndido uso de la improvisación. De Francia se transporta a Alemania y de Alemania viaja a todo el mundo para llegar a México, que ya tenía una tradición con su teatro de revista y de carpa. Pero Mariano Acosta amenaza con generar un “cabaret pachuqueño”, y todavía se atreve a decirlo con orgullo… el muy cabr…n. Como si a la herencia inglesa isabelina que caracteriza a los pachuqueña les interesaran sus jo…t…rias. ¡Aquí sí somos finos y evolucionados! Pero bueno, lo que este muchacho hace, o lo que primero debería hacer es: aprenderse el texto que él escribió, porque sus improvisaciones me confunden y sus anécdotas como hombre que soy…me agreden. Empecemos a hablar “del amor prohibido”. Una mesera llamada Ágata asalta al público con una pistola como metáfora de la ola de violencia que se vive día con día, que es ya una costumbre y hasta un chiste, del cual todos participamos. La simpática mesera nos narra 12 historias de amor que terminaron en fracaso, todas le arruinaron la vida porque los hombres somos unos desgraciados. Por eso el amor es prohibido. Pero si los hombres, según en las historias de Ágata somos definidos por la crueldad, violencia, abuso y capacidad de olvido, cómo se define la mujer. Ágata, por medio de canciones de mujer herida y dejada, describe a la fémina siempre marcada por el sometimiento masculino justificado por un ideal amoroso que no se expresa. ¡Pobres mujeres…! Sin embargo, Acosta apunta en su espectáculo que todos esos actos de violencia masculina permitida íntima y socialmente contra la pareja son las primeras causas que conllevan al feminicidio. Y por lo tanto todos somos responsables: la víctima que al ver las señales de comportamiento no hace nada y el verdugo que disfruta de ese poder simplemente porque puede hacerlo.
Mariano Acosta habla de manera fársica y simpática de los grandes ideales amorosos, expone el ridículo pensamiento femenino que justifica la victimización de la mujer como mujer.
Sin importar que ese muchacho “no es guapa”, y que no me es atractivo su vestidito y que tiene que aprender a usar esos tacones, existe una noble intención de hablarle al hombre y a la mujer para replantear el encuentro. No sé si lo pueda lograr, porque el artista revela la situación y es el público quien decide, pero lo que Mariano sí logra es hacernos reír de nosotros mismos, y ese ya es el principio.
Pero les advierto, si el próximo 10 y 11 de noviembre a las 19 horas van a Neuroforo ubicado en jardín colón número 6, esquina Mariano Arista, a ver la obra Falsa crónica cabaretera “soy un lobo feroz pero adentro tengo una Caperucita Roja”, Mariano Acosta no es una mujer bonita.

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