Martín Melgoza Chávez y
Juan Rubén García Lastiri

¡Sabías que!

La preocupación por la tarea de gobernar, y más concretamente por gobernar bien, se ha constituido en un verdadero reto para el presidente Andrés Manuel López Obrador. Construir un gobierno, más funcional y efectivo, es una preocupación que se plantea hoy en día con insistencia desde los diversos sectores políticos y sociales. En ese sentido, y desde un punto de vista institucional, se trata ya no solamente de fortalecer la democracia, sino dotarla de instrumentos para garantizar la atención de las necesidades ciudadanas y la resolución de los conflictos propios de la convivencia social. El gobierno y la gestión pública se convierten así, en un contexto democrático, en el vehículo principal para atender la complejidad y diversidad de los asuntos públicos, por lo tanto, la función de gobernar obliga a emplear cada vez con mayor frecuencia modelos de gestión novedosos, que permitan conformar mayor racionalidad y eficacia a las políticas públicas.

Esa situación ha obligado a los gobiernos de diferente partido político a buscar nuevas herramientas para conseguir sus objetivos y realizar eficazmente sus tareas. Por ello se han implantado tecnologías y sistemas de operación, que requieren ofrecer respuestas innovadoras, ante una ciudadanía cada vez más demandante de servicios con calidad y eficiencia.

Se debe tener en cuenta que el enfoque de calidad en el servicio pretende fundamentalmente mejorar la capacidad de respuesta de las instituciones del sector público por medio del mejoramiento de los procesos internos de la gestión (simplificación) y un tratamiento acorde con las expectativas del ciudadano.

El momento que tenemos en ese cambio de gobierno resulta propicio para que la cuarta transformación defina una política de calidad, a partir también de la expedición de la Carta Iberoamericana de Calidad, por parte del Consejo Latinoamericano de Administración para el Desarrollo (CLAD), ya que uno de sus principios de servicio público es que “las administraciones públicas iberoamericanas están al servicio de los ciudadanos y, en consecuencia, darán preferencia a la satisfacción de sus necesidades y expectativas. La orientación a la calidad en la gestión pública supone maximizar la creación de valor público, por lo que tiene que responder al principio de gestión para resultados. Ello supone un esfuerzo para optimizar la dirección efectiva e integrada del proceso de creación de valor público, para asegurar la máxima eficacia, eficiencia y efectividad de su desempeño, la consecución de los objetivos de gobierno y su mejora continua”.

En ese marco y con el fin de contar con un modelo propio de calidad para mejorar procesos, productos y servicios, con alto impacto en la ciudadanía, a partir de los antecedentes expuestos, debemos de plantearnos dos vertientes.
Por un lado: implantar, desarrollar, mantener y mejorar en todas las dependencias y entidades de gobierno, un modelo de calidad total que permita transformar la administración pública, para proyectar un gobierno de clase mundial, con una imagen confiable, innovadora y con una sólida cultura de calidad.

Remplazar los esquemas tradicionales de la gestión pública aplicando los más avanzados sistemas administrativos y tecnológicos, evaluando su gestión con estándares de excelencia apegados a la Organización Internacional de Normalización (ISO) rediseñando los procesos y servicios, con un enfoque central del quehacer gubernamental.

Asimismo, avanzar en el desarrollo de estrategias que permitan certificar a servidores y funcionarios públicos son un elemento de crecimiento dentro del aparato del Estado y que puede generar una prevención y prospectiva que consiga consolidar una cultura de calidad en el servicio público, así como unificar una visión de mejora continua, innovación y competitividad, en las dependencias y entidades de gobierno.

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