Johan Cruyff, filósofo de la pelota y uno de los más grandes futbolistas de la historia, creía que en el gol no solo importan los resultados, sino también las formas. Es decir, una anotación debe ser estética y producto de una jugada colectiva que rescate las virtudes de todos sus constructores. Pelé, por su parte, pensaba que la mejor manera de cobrar una falta desde los 11 pasos es “al centro y con todo”. Esas dos tesis de artistas del balón pueden ser condensadas en una frase popular en el argot pambolero nacional: “Ganar, golear y gustar”.
Ayer, México perdió, fue goleado y despertó con una bofetada a los millones de aficionados que navegábamos entre las nubes e imaginaciones de “cosas chi…”. Pero no todo está perdido. Como se hiciere hace casi cinco años en eliminatorias rumbo a Brasil 2014, la nación azteca desgarró sus cuerdas vocales gracias a dos tantos anotados por otro equipo. En esa ocasión, Corea del Sur le salvó la noche a un país que elige presidente el domingo y le urgen razones para celebrarse a sí mismos.
En retrospectiva, el Tri calificó “a la mexicana”: de último momento, sufriendo y con una pequeña ayuda de sus amigos. No se trata de demeritar lo conseguido en los dos partidos anteriores, mismos que ya fueron aplaudidos con justicia en este espacio la semana pasada. Lo cierto es que esa versión del equipo de Osorio –quien repitió alineación por primera vez en todo su proceso– tuvo más similitudes con el equipo de los llamados “partidos moleros” que con el que les plantó cara a los germanos. Lo que sigue es, por tanto, afinar las debilidades ante un rival que está lejos de ser asequible.
Bien apuntó José Ramón Fernández que cuando tu portero es figura en dos partidos consecutivos no puede ser del todo un gran síntoma. México flaqueó por los costados con un Gallardo desubicado y un Álvarez que terminó entre lágrimas su peor actuación con el combinado nacional. El mediocampo se dispersó y los de arriba carecieron de oportunidades para explotar su magia.
México llega como segundo de grupo a octavos de final, lo cual, no olvidemos, era el pronóstico inicial. Sufrió de más, al igual que hicieron Portugal, Argentina y España. Si algo nos está recordando este Mundial es, precisamente, que Cruyff estaba equivocado. Hay momentos en los que la gallardía puede más que la clase y el objetivo se transforma en calificar como sea. La pregunta ahora es: ¿habrá, por fin, quinto partido?

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