Era un 16 de marzo de 2006, los ánimos estaban calientes, por así decirlo, y todo por las próximas elecciones presidenciales que se vislumbraban en el horizonte en aquel periodo; tan cálidas como la zona en la que se desarrolla esta anécdota, el Istmo de Tehuantepec, Oaxaca. Una región con una población altamente indígena, zapoteca para ser exacto, un espacio geográfico rico con gente pobre, hasta hoy en día, con múltiples necesidades en espera, esa espera milagrosa en la que por fin las múltiples exigencias milenarias sean totalmente cubiertas.

En plena campaña electoral, en aquellos años, recordamos a un Andrés Manuel López Obrador vibrante que dice las cosas tal y como deben ser, directas, sin aspavientos; sus seguidores engrosan cada vez más las filas, justamente por esta característica que lo distingue; en un país donde la sutileza es casi nula y pareciera que decir las cosas de frente y sin rodeos, como se dice coloquialmente, es una virtud que pocos tienen y menos los políticos.

El pueblo, los menesterosos, los necesitados anhelan por fin a alguien que los guie y represente frente a las múltiples injusticias a las que se enfrentan a diario. Obrador es el guía aquel que hará justicia y pronto.

Sin embargo, así como siembra seguidores también hay antiamlo, el presidente en aquellos ayeres era Vicente Fox Quezada, un sujeto alto, tanto como su arrogancia, y fantoche como sus movimientos y frases a diario lo evidencian. Emanado de las filas de un partido político que representa un sector en absoluto necesitado y carente de oportunidades, que busca afanosamente una plutocracia que se vanagloria de tener un poder adquisitivo nada deleznable, la mayoría de sus agremiados, seguidores de las finanzas nacionales e internaciones en las que sus capitales juegan roles importantes. Pues bien, justamente por ser grupos tan antagónicos y disímbolos entre si surgirán los encontronazos y enconos entre ambos, muchas veces irreconciliables, en los que cada agrupación defiende su postura, nada nuevo en la historia de la humanidad ejemplo tácito del materialismo histórico entre estos bandos.

Entonces, la frase jocosa y al mismo tiempo directa y con un dejo de hostilidad se deja escuchar a todo pulmón en el mitin político de aquella tarde, la frase produce risas para algunos y escarnio para otros, sin embargo, quedará a la posteridad aquel “¡Cállate chachalaca!” que el entonces candidato AMLO externara refiriéndose a Vicente Fox.

Este “¡Cállate chachalaca!” se convertiría en una consigna que se corea repetidas veces y que durante aquellas elecciones también dejaría en claro el agotamiento de un candidato que en reiteradas ocasiones el gobierno en turno trató de dejar en ridículo a lo que AMLO contestó con un claro hartazgo demostrando, lo que era evidente, Vicente Fox se inmiscuía en la campaña para lograr que AMLO no llegara a la presidencia pues era un peligro, más que para México, para las estafas y triquiñuelas de Fox y compañía.

También la prensa trataba de desprestigiar a AMLO, los medios de comunicación eran mordaces y daban golpes bajos una y otra vez para que bajara el fenómeno social AMLO, sin embargo, este subía aún más. Después de haber perdido la contienda en aquel 2006 y en 2012, otra vez una derrota que pareciera más una estafa de la oligarquía mexicana contra AMLO, por fin el triunfo llegaría en la tercera contienda de 2018. Llegó a la presidencia aquel hombre que luchó inagotablemente vez tras vez para representar aquel sector olvidado y desvalorizado una transformación como lo mencionó AMLO reiteradas veces es la que existe ahora en México, la cuarta transformación tan necesaria en el país. Aunque hay sectores antiamlo como la prensa y los medios de comunicación que pareciera siguen un libreto, desprestigiar a AMLO a como dé lugar. Hasta que, después de comentar una anécdota histórica, AMLO dio a entender entre líneas el hartazgo producido por un grupo de periodistas que, lejos de ser profesionales, buscaban solo desprestigiar al actual gobierno de México.

“Antes del golpe militar, antes de que se asesinara al presidente Madero y al vicepresidente José María Pino Suárez, se creó un ambiente. Nunca la prensa, después de haber sido una prensa sometida, abyecta, rastrera durante el porfiriato, al triunfo del movimiento maderista se desatan en contra de Madero, todos, todos, todos, en general, de ahí viene lo de la prensa fifí, de ahí surgió una frase fuertísima que la voy a decir, la voy a decir porque todo esto ayuda, o sea, esto es parte de la transformación que queremos para el país y hay que aprender de la maestra de la vida que ¿saben qué llegó a decir Gustavo Madero? Dice: ‘Le muerden la mano a quien les quitó el bozal’. Eso no se lo perdonaron, nunca. Por eso se ensañaron con él, primero en Gustavo Madero y luego en su hermano. Yo no quiero que nunca jamás vuelva a suceder eso. Esa es de las historias más vergonzosas del periodismo y de la política en México. Es la historia, eso decía Cicerón.

” Atrás quedó la vehemencia, ahora son otros tiempos, son de cambio. Ahora AMLO es el presidente y debe ser prudente, sutil, elegante en su andar y su vocabulario, sin embargo, seguro que en su fuero interno tras este incidente y las reiteradas mofas de la prensa vendida AMLO hubiera querido haber contestado como aquella tarde de 2006 a estos periodistas reiterativos que con dolo hacen preguntas y a todo pulmón, recio y sin ambages decirles: “¡Cállate chachalaca!” ¿Tú lo crees?… Yo también.

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Edad: Sin - cuenta. Estatura: Uno sesenta y pico. Sexo: A veces, intenso pero seguro. Profesión: Historiador, divulgador, escritor e investigador que se encontró con la historia o la historia se encontró con él. Egresado de la facultad de filosofía y letras de la UNAM, estudió historia eslava en la Universidad de San Petersburgo, Rusia. Autor del cuento "Juárez sin bronce" ganador a nivel nacional en el bicentenario del natalicio del prócer. A pesar de no ser políglota como Carlos V sabe ruso, francés, inglés y español.