Es difícil encarar el final de un ciclo. Nuestro arraigo a la estabilidad del presente nos libera, en apariencia, de la melancolía por el pasado y la ansiedad hacia el futuro. Aun así, diría Gustavo Cerati: “poder decir adiós es crecer”.

La parábola, entre más pronunciada, más tarda en caer y, si no se le frena adecuadamente, causa mayor estrépito. Ya sea por los éxitos o el espejismo que esos provocan, los equipos suelen pasarlo mal cuando deben decir adiós a un entrenador, un jugador clave o a toda una estructura aparentemente funcional.

Barcelona rompió con Ernesto Valverde, quien fue duramente criticado por la afición durante un año y medio. La debacle en Roma lo exhibió; la catástrofe en Liverpool, lo sentenció. Pero fue hasta las semifinales de la Supercopa de Europa que el dique desbordó.

Una reunión de tres horas y no más. A diferencia de Luis Enrique, quien tuvo roces con la prensa y algunos jugadores previo a su salida, Valverde fue cesado por motivos enteramente deportivos.

El nacido en Cáceres se le recrimina la pérdida de identidad en el terreno de juego (ataque predecible y defensa por bloques dispares), una mala preparación física que ha derivado en una docena de lesiones en el presente curso y la sentencia de jugadores puntuales.

Pese a ser ratificado en más de una ocasión, el espaldarazo final por parte de la directiva llegó en un momento clave que tendrá injerencia directa en el resto de la temporada en curso: empate en el liderato de LaLiga, inicio de la participación en Copa del Rey y primer duelo de eliminatorias en la Liga de Campeones.

Quique Setién fue el elegido para tomar las riendas de un equipo extraviado y viciado en su propia necesidad de ganar con categoría. Iniciado en la filosofía Cruyff, el exentrenador del Betis tiene claros sus objetivos: el buen futbol como un medio y un fin, echando mano de la olvidada Masía cuyos talentos en bruto ya se frotan las manos. Riqui Puig, el niño maravilla de la cantera culé, será el primero en beneficiarse del cambio de aires.

Los pesos pesados del club lamentaron en serio la partida de Valverde. En su lugar, llega un hombre que los pondrá a sudar para refrendar su lugar como futbolistas de élite en uno de los clubes de mayor exigencia del mundo. Llegó el cambio que el barcelonismo demandaba.

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