El cambio de hora al que habremos de ajustarnos, ahora ya de cara al invierno, puede afectar al sistema nervioso central y provocar alteraciones del sueño, tales como el insomnio o el cansancio por las mañanas, así como estados de irritabilidad o depresión. Así lo explica un estudio de la universidad americana de astronomía, el verdadero motivo de este cambio de hora es el ahorro energético que se consigue al tratar de hacer coincidir las horas de Sol con los momentos de mayor actividad. Según los expertos, los que más sufren este cambio son los adultos mayores y los niños, aunque afortunadamente se trata de síntomas leves y pasajeros a los que el cuerpo humano termina por adaptarse sin mayores consecuencias.
Este cambio estacional y de horario es para algunos más llevadero que el que realizamos en primavera, ya que en esta ocasión el reloj se atrasa “y dormimos una hora más”. Lo peor, es “que los días son más cortos”, en efecto, siete de cada 10 personas reconocen sentirse más tristes con la llegada del invierno.
Los efectos negativos del cambio estacional de hora sobre los humanos son muchas veces “más psicológicos que orgánicos”, según la misma universidad, quien recuerda, en cualquier caso, que los trastornos causados por las variaciones horarias de tipo estacional son “leves y pasajeros”.
Ante el cambio de hora en un fin de semana del mes de octubre, dice el estudio de la misma, que los cambios de hora de otoño y primavera no provocan grandes problemas en el ser humano, ya que su organismo “se adapta rápidamente” a los pequeños “desajustes” que supone la variación de tiempo de luz en su cerebro. “Rápidamente” significa en este caso un tiempo inferior a una semana, periodo más que suficiente, a decir del estudio, para que las personas que hayan sufrido algún trastorno por la variación horaria recuperen su ritmo normal de vida.
En el estudio se insiste en el hecho de que los cambios estacionales de hora no tienen por qué afectar a todo el mundo, según se dijo, suelen acusarlos más las personas mayores y los niños y “en muchos individuos”, los trastornos son “más psicológicos que orgánicos”. La universidad y su estudio dicen que en general es más llevadero el cambio horario de otoño que el de primavera, porque en el primero disminuyen las horas de luz, lo que favorece la secreción de melatonina, que, a su vez, ayuda a conciliar el sueño. El estudio concluye, por tanto, que los cambios horarios de estación “afectan poco (al hombre) y en poco tiempo se pasan”, lo que no ocurre siempre con las variaciones de hora provocadas por el viaje a otro continente, que generalmente ocasionan problemas “más agresivos” y duraderos en el ser humano. Eso, estimados lectores dirán los estudios y los científicos más ilustres y premiados del mundo, lo que dice mi cuerpo es que cada cambio de horario yo me siento, sin ser de la tercera edad –todavía–, como después de 39 latigazos, pero en la cabeza, y cuando las heridas me van sanando y me he logrado acostumbrar por fin, me llevan al cambio de horario otra vez, el cuento del nunca acabar, un infierno vamos. Propongo que se logre ¡de una buena vez el término medio entre los cambios de horario y las ganas de jo… no dejar dormir!

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Asesor especialista en políticas públicas de alta injerencia social, licenciado en derecho por la UNAM, maestro en tecnologías de la información con carácter social, productor y director de cine (cortometrajes y películas independientes) y de televisión (documentales y comerciales). Cambridge English: Proficiency.