Los sucesos políticos están ocurriendo con mucha rapidez, en sentidos inesperados y contrastantes, haciendo que en ciertos momentos se dude de lo que pueda estar detrás de cada acontecimiento, y de si lo aparente es en realidad algo que pudiese llegar a ser verdadero, o exactamente lo contrario.
La reciente Caravana por la Dignidad, encabezada por el gobernador panista de Chihuahua Javier Corral, desató una fuerte oleada de solidaridad que mantuvo la atención centrada en sus tres demandas, extradición del prófugo exgobernador César Duarte, entrega de 900 millones de pesos de convenios firmados con la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) y la continuación de la investigación por manejo corrupto de fondos federales, enviados por dicha secretaría y transferidos ilegalmente al PRI para su uso en campañas políticas, incluyendo la de 2012 a favor de Enrique Peña Nieto. De las tres demandas, la de mayor trascendencia era esta última, y fue la que quedó más desatendida luego del convenio firmado por Corral y el nuevo secretario de Gobernación, con lo cual quedó resuelto (¿parcialmente?) el problema. Algunos comentaristas críticos, se han manifestado para denunciar un exceso de protagonismo de Corral, que se cree tratará de fortalecer la campaña del panista Anaya y preparar su posible candidatura presidencial dentro de seis años.
Las revelaciones hechas por Diego Fernández de Ceballos a la revista Proceso hace poco más de una semana, donde con todo el cinismo del mundo, este macabro personaje relató su participación en muchos actos políticos trascendentes en nuestro país desde el gran fraude electoral de ese año, donde contrastó radicalmente la manera en que manejó su apoyo a Carlos Salinas, con la actitud digna de su candidato Clouthier en esa coyuntura, al denunciar con toda su fuerza la magnitud del fraude cometido. Su odio exacerbado contra AMLO y todo lo que le acompaña, que le ha llevado a orquestar campañas de odio, como las que ahora trata de realizar el expresidente Fox, de quien también se expresa muy negativamente. Y su veneración por Carlos Salinas que no puede ocultar en lo más mínimo, lo retratan de cuerpo entero, un personaje siniestro que le ha hecho mucho daño a la política nacional.
La opacidad del candidato Meade, que por más intentos que realiza, todos ellos resultan fallidos a la hora de tratar de impactar en la opinión del electorado y que ve con angustia como se le ha ido todo el mes de enero y la primer semana de febrero sin lograr llamar mínimamente la atención sobre sus dizque propuestas, y que junto con las quejas que le ha dado por manifestar a Peña, sobre lo agresivas que resultan ser las redes sociales contra su gobierno, retratan a un pobre presidente que se la pasará quejándose hasta el primero de julio próximo, después ya no podrá decir nada.
Las revelaciones sobre las actividades ligadas a la corrupción del candidato del frente formado por el PAN, PRD y el movimiento del niño cantor, Ricardo Anaya, que ponen al descubierto su verdadera faceta de hombre ligado al autoritarismo y la corrupción, y finalmente los videos que lo ponen en evidencia de sus cambios radicales de postura, de criticar ahora todo lo que hace el PRI, y sus discursos de apoyo incondicional a las reformas estructurales, de su burlesca referencia al Meade de ahora, y sus expresiones elogiosas de hace unos años, dirigidas al mismo personaje cuando era funcionario panista.
Los nombramientos y propuestas contrastantes del candidato que encabeza las encuestas (ustedes ya saben quién), que un día llama la atención con buenas ideas, bien pensadas y presentadas ante la opinión del electorado, y al siguiente sorprende con otras diametralmente opuestas que hacen dudar a muchos de la congruencia con la que se está manejando. Baste señalar el apoyo a Cuauhtémoc Blanco, la ausencia del tema sobre la violencia contra las mujeres y homosexuales, y la incorporación de una serie de personajes panistas que poco aportan al movimiento que apoya su candidatura.
Resulta poco razonable el pensar que una campaña como la que estamos observando vaya a tener un fin claro y tranquilo. Esperemos que las pasiones no se desborden y que quienes tienen el poder económico y político en este momento, no vayan a optar por cometer barbaridades que equivaldrían a querer apagar con bombas Molotov, este incendio que se avizora en el horizonte en los meses siguientes.

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