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Cambios en la estructura del comercio internacional

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Ruth Ortiz Zarco

El comercio internacional enfrenta una etapa de reajuste, derivado de las condiciones propias de la economía mundial; un recuento de los ciclos económicos y su vínculo con las políticas comerciales, asiente afirmar que en las fases de recesión económica, la política económica se encauza en acciones proteccionistas que salvaguarden el empleo nacional y contribuyan a subsanar los déficits comerciales y de balanza de pagos.

Actualmente, el aislamiento de Estados Unidos, alentado por Donald Trump, es una expresión que emana de la crisis financiera subprime de finales de 2007, ya que la economía norteamericana ha tardado en responder a las medidas expansionistas de política monetaria convencional y al llamado Quantitative easing (política monetaria no convencional), no obstante, la dinámica de acumulación de capital actual, se sustenta en la creación de cadenas globales de valor, donde la fragmentación de la producción crea una interconexión entre economías desarrolladas y no desarrolladas, y el motivo central es la obtención de elevadas ganancias por parte de las empresas transnacionales, que poco convienen en los intereses nacionalistas de un gobierno.

Consecuentemente, pese a las exigencias nacionalistas de Estados Unidos, en el mundo actual no es posible retornar a la instauración exclusiva de políticas comerciales proteccionistas, la economía mexicana afronta un suceso coyuntural derivado de la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), el vínculo que mantenemos con norteamérica es estructural, tiene raíces profundas y no puede desaparecer por decreto; sin embargo, las negociaciones logradas al día de hoy muestran serias desventajas para México.

A diferencia del resto de América Latina, México, gracias al TLCAN está fuertemente integrado a América del Norte, lo que le ha permitido ser parte de las cadenas globales de valor, característica intrínseca del proceso de globalización, que implica la fragmentación de los procesos de producción a escala global, ante ello, diversas mercancías son resultado de una serie de procesos productivos independientes en términos de espacio geográfico.

Esa nueva tendencia en el modo de producir, propicia una interdependencia nunca antes vista, entre todos los países que participan del proceso; ello conlleva la necesidad de que las empresas expandan sus fronteras y las inversiones se realicen a nivel mundial; por ende, tal situación cede el éxito del comercio exterior a la siguiente dinámica: capacidad de las economías menos desarrolladas para exportar materias primas de calidad, aptitud de las economías en desarrollo para importar insumos intermedios y ensamblarlos con mano de obra barata, y finalmente el liderazgo de los países desarrollados para abastecerse de recursos naturales, transformarlos en bienes intermedios, exportables hacia un ensamblaje barato y su posterior reexportación para consumo final, a economías con menor capacidad de innovación.

El comercio intrarregional tiene el siguiente comportamiento: Europa, con un mercado y moneda comunes intercambia al interior el 68 por ciento del total de sus mercancías y servicios, la integración en Asia ha prosperado en años recientes consiguiendo un 55 por ciento de comercio intrarregional, el tercer lugar lo tiene América del Norte con 50 por ciento, y finalmente América Latina, la zona con menor integración económica, comercializa al interior tan solo el 25 por ciento de su comercio exterior total.

Generalmente los países subdesarrollados siguen un patrón de mono exportación de recursos naturales, consecuentemente su infraestructura está planeada en base a ello, facilitando el traslado del recurso natural, desde su lugar de extracción hasta el puerto a partir del cual saldrá para su exportación; las economías menos desarrolladas carecen de autosuficiencia y se ven obligadas a importar desde bienes de consumo básico, hasta bienes de capital, imposibilitando el desarrollo de industrias nacionales, debido, entre otros factores, a la carencia de ahorro nacional que pueda destinarse al desarrollo de sistemas de producción sólidos.

En definitiva, las economías subdesarrolladas como la nuestra son más vulnerables a los cambios en la estructura del comercio internacional, su dependencia económica, comercial y monetaria genera un ambiente de constante volatilidad y las obliga a repensar sus estrategias de integración económica con las diversas regiones del mundo; tarde o temprano México deberá apostar por mayor inversión e industrialización, cualquier otro camino que se tome brindará soluciones momentáneas. ¿Cómo elevar los indicadores de inversión e industrialización?, es el tema que debe analizarse en los diversos ámbitos de la política y la economía, con el fin de formular estrategias que susciten no solo un óptimo nivel de crecimiento económico, sino un desarrollo económico integral.

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