Camino a la prosperidad

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Prosperidad, tiempo, deseos

{ Caelum Da Sylph }

Tiempo para disfrutar con los amigos, la familia, o bien, para descansar. Momentos para intercambiar, regalar o simplemente arrojar nuestros deseos al viento, son algunas de las acciones que representan esta época del año, en donde nuestra energía está concentrada en los preparativos de las fiestas, y también en la búsqueda de los obsequios que nos permitan compartir con otros la dicha de la fraternidad. No olvidemos que el ayer es historia, el mañana es un misterio, pero el hoy es un obsequio, por eso se llama presente.
En Yule, que es la celebración antigua que dio origen a las festividades de Navidad, entre otras celebraciones como la fiesta de los 12 días del Sol invictus de los romanos. En la tradición nórdica se tenía como costumbre decorar a un árbol, el árbol de yule que para otras culturas representa el árbol de la vida, que sostiene los frutos de la abundancia, decorado con motivos de la naturaleza de la estación (piñitas, cascabeles, etcétera); algunos de los regalos que acompañaban a este mítico árbol son los creados por las manos de los asistentes a la cena, ya que sus presentes, elaborados originalmente por sus propias manos, son una muestra de la magia: energía concentrada en un objeto, como producto del trabajo de todas las estaciones del año; estos presentes se intercambiaban en la celebración para recordar la generosidad que siempre nos trae la cosecha.
También es el momento para mirar otras riquezas que pocas veces nos detenemos a valorar como el amor, la compasión, la paciencia, la generosidad, el honor, la gratitud y la satisfacción. Si bien son valores que nos acompañan a lo largo de nuestra vida, solo cuando meditamos en ellos podemos acceder a un vasto océano de deleites, es como disfrutar del agua pura que yace en un pozo sin fin y que por más que se beba de esta, la sensación que nos libera de la sed será sempiterna.
Todos esperamos recibir, pero pocos nos atrevemos a dar, pensamos que dar solo ocurre cuando entregamos un objeto material, olvidamos que dar es el primer fruto que otorga el amor y que el amor surge de la admiración o la compasión. Posiblemente usted sea ajeno a este sendero engastado con joyas y labrado con el cincel de la determinación mental, quizás sea usted un escéptico que prefiere escuchar la voz de su necedad y prefiera vivir alimentando su ser, de la asfixia que le asegura la ignorancia y la terquedad, bien para usted que ha decidido otorgar su felicidad a la esclavitud de la comodidad entregando a otros su poder y libertad.
Yo prefiero hablar con aquellos que se han atrevido a tomar el camino de la decisión sin opresión, valerosos guerreros y guerreras que han resurgido avantes de la incertidumbre en emprender nuevas rutas, ahí donde nunca nadie se atrevió. Qué fácil es correr por las veredas que otros han mantenido y que para todos son un camino seguro, hemos olvidado el esfuerzo que se invirtió en crear las rutas que hoy nos permiten acceder con facilidad y que beneficiando a otros se han convertido en caminos para la prosperidad. Veamos un ejemplo para entender mejor esto. Hace unas semanas un ingeniero me contó que antes de existir la carretera Pachuca-Ciudad Sahagún se tenía que rodear para llegar al municipio donde DINA daba muy buenos sueldos, al crear la carretera que hoy conecta ambas ciudades se han levantado negocios, empresas, fraccionamientos y otros desarrollos que han traído prosperidad a esa región y la entidad, gracias a la construcción de ese camino. Por su puesto que los accidentes posiblemente sean muchos más. Otro ejemplo lo tenemos con los caminos “reales”, o dicho de otro modo, los caminos que conectaban con las distintas ciudades de nuestro país y que en la actualidad la mayoría son las carreteras federales; caminos de la tierra, pero con el movimiento de las intenciones del hombre a veces seguros y muchas otras veces inciertos, pero siempre con un destino bien trazado.

Fb: El séptimo estado

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