[…] para quienes aprendimos muy pronto a bloquear, suprimir o negar muchos de nuestros sentimientos, la expresión emocional puede resultarnos tan dolorosa al principio… No nos arriesgamos a expresar nuestros sentimientos para evitar ser heridos. Nos habituamos a un estado de inercia emocional, a una especie de insensibilidad generalizada, una muerte en vida que nos protege del dolor pero nos priva de la alegría de vivir el <ahora o nunca> (ROTH, 1990)

En este desbloqueo emocional la premisa más importante para dirigirnos hacia el camino de la conciencia es “aceptar lo que me pasa”, autoobservar y reconocer los estados energéticos que fluyen por el cuerpo. El trabajo emocional en el actor es muy importante puesto que es energía, y esta es expansiva y contagiosa. Así, cuando vamos a una obra de teatro y la reacción del actor nos conmueve, es porque su emoción nos vincula en un acto íntimo, hablo de un estado de comunión. “Un actor liberado que entre al juego liberará a millones de seres humanos”, nos dice el investigador teatral Domingo Adame.
Un tercer tránsito hacia el camino de la consciencia es el trabajo sobre el pensamiento, la liberación de la mente. El pensamiento en presente es darme cuenta que no hay pasado, no hay futuro, solo la acción que realizamos juntos, en el encuentro con el otro o en el convivio con el entorno. En ese accionar en presente, compartido, existe un acto de confesión, de vulnerabilidad y de honestidad.
El meollo del teatro es el encuentro. El hombre que realiza un acto de autorrevelación, el que establece contacto consigo mismo, es decir, una extrema confrontación, sincera, disciplinada, precisa y total, no meramente una confrontación con sus pensamientos sino una confrontación que envuelva su ser íntegro, desde sus instintos y su aspecto inconsciente hasta su estado más lúcido.” (Grotowski, 2008)
Por lo tanto podemos precisar que el trabajo del actor es un acto de desarrollo humano, en principio; en la medida que el estudiante considere que la formación teatral requiere cambios de conductas y de hábitos, así como modificaciones en el pensamiento, se dirigirá a un trabajo actoral honesto y comprometido con el arte y la sociedad.
En sí mismo el acto creativo no es cómodo, conlleva una ruptura del pensamiento cotidiano y de la inercia de la conducta. Hay que permitir el error, aunque nos meta en conflictos que nos hacen vulnerables, pero es ahí donde podemos ser honestos.
El problema de tratar de adquirir una técnica actoral, es que se imitan conductas preconcebidas, formas de “representar” que alejan al actor de la organicidad. Un objetivo es que cada estudiante desarrolle su propia técnica actoral a partir de la experiencia, de poner en práctica los conceptos difundidos en la escuela. Sobre el daño que puede ocasionar el reproducir un “método”, dice Stanislavki en su Manual del actor: “Desafortunadamente, algunos de mis compañeros actores y discípulos han adoptado mi terminología sin pensar demasiado en su significado; ellos me comprendieron asintiendo con la cabeza, pero no con sus sentimientos; y lo que es peor: ellos quedaron plenamente satisfechos con esto, difundieron mi terminología y se propusieron difundir mi método”.
Nada puede ser más dañino para el arte que el uso de un método por el simple deseo de usarlo.
El uso de un método puede facilitar la comprensión de información pero solo por medio de la experiencia íntima y honesta puede desarrollarse conocimiento. Así el actor debe asumirse como un ser en constante transformación, del cual ignora mucho, pero con la firme aspiración de conocerse con humildad como un instrumento destinado a comunicar.
El proceso de creación teatral es un acto creativo y es investigación, la aportación es en principio para el que la ejecuta, las experiencias diarias del ensayo van formando poco a poco una actitud propositiva del artista y del ser humano. Para el actor cada día puede ser una oportunidad para replantear su estar en el escenario y en el mundo. Cada día recapitulamos sobre nuestros antecedentes para vaciarnos de esas ideas pasadas y asimilarnos “como una hoja en blanco lista para escribir una nueva historia”. Así, cada ensayo y cada presentación es una primera vez. Siempre hay que comenzar, por eso regresamos a la incertidumbre del individuo. La certeza sucede con la suma de herramientas actorales que se adquieren en las distintas formas de ejecución en un “estar presente” con una intención fundamental “… convertirnos en instrumentos que transmiten verdades que de otra forma permanecerían ocultas.” (Oida, 2011)
Replantear al individuo, rompiendo esquemas por medio del teatro, es un acto de valentía. ¿Quién se atreve a ver su maldad o su bondad para exponerla en una historia? ¿Quién se asume como un villano o un héroe? ¿Quién confiesa su mayor miedo o su deseo profundo? La respuesta es que solo puede hacerlo un ser consiente, honesto y humilde, aquel que concibe la escena como un acto de amor que provocará un estado de comunión.
La historia de la humanidad se escribe día con día por actos bárbaros, mala fe, envidias, robos, asesinatos, humillaciones, guerras, por mencionar algunos; pero además, esos actos son vistos con amarillismo y morbo. Por eso hay que reconsiderar el pensamiento y el accionar humano, la modificación de esas conductas nos concierne a todos pero solo puede darse a través de una educación consciente e integral, en la cual la formación intelectual va de la mano con el desarrollo humano. Considerar las artes como una fuente de conocimiento que enaltece el espíritu y además es esparcimiento, puede llegar a romper la angustia social, haciéndonos responsables de nuestra existencia. Ser consciente es darme cuenta de quién soy hoy, sin prejuicios ni pretensiones, es aceptar lo que me pasa y abrirme al mundo con buena voluntad. El ser consciente, es un ser total.

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