El Instituto Estatal Electoral (IEE) declaró ayer reanudadas las actividades del proceso electoral para la renovación de ayuntamientos y dio a conocer fechas clave, previas a la jornada del 18 de octubre. La nueva normalidad que vivimos no solo pone a prueba a la sociedad en su conjunto en actividades cotidianas, la escuela, economía y por su puesto el sector político pondrán obligadamente en marcha estrategias de comunicación. Los registros de candidaturas serán del 14 al 19 de agosto, mientras que las campañas políticas tendrán cabida entre el 5 de septiembre y el 14 de octubre, de acuerdo con lo dispuesto por el consejo general del IEE. A estas alturas del partido, las fracciones políticas ya deberán tener su artillería afinada y lista para ir en busca de la voluntad ciudadana, solo que esta vez será completamente diferente a anteriores procesos. De acuerdo con el consejero Salvador Franco Assad, en las campañas deberán limitarse las reuniones masivas y privilegiar el uso de las redes sociales y medios electrónicos, una instrucción que se antoja compleja. Primero, porque la experiencia dicta que el calor proselitista entorpece la razón y si se conjuga con el escepticismo por la pandemia, la aglomeración será difícil de controlar en cada rincón del estado. El IEE deberá desplegar estrategias de vigilancia para evitar que ello se convierta en un caldo de contagio. El segundo riesgo es de la desinformación. El uso de redes sociales no regulado amenaza con vulnerar las propuestas legítimas que hagan las candidaturas en sus respectivas demarcaciones. Estamos en la antesala de la denostación y la guerra sucia. En este apartado, el árbitro deberá poner reglas claras para evitar que las campañas, como casi siempre, se conviertan en un lodazal. Muchas cosas tendrán que cambiar para que la renovación de los 84 ayuntamientos este 18 de octubre sea un proceso verdaderamente democrático. Por ahora, la cosa se vislumbra poco diáfana. De filón. Presuntos ferieros hacen de las suyas en la caseta de San Alejo, en Tulancingo, al amparo de una catástrofe económica de dimensiones descomunales, la delincuencia aflora.

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