Las huellas de la batalla siguen marcadas en sus cuerpos. La sonrisa no se va de sus rostros. Las manos acompañan las palabras cuando relatan su experiencia en el campeonato Mundial de Arte Marcial Filipino y sus ojos parecen ver dentro de ellos los recuerdos vividos hace una semana en Cebú, Filipinas, donde pusieron el nombre de México en alto al ganar 13 medallas.
Frente a un escritorio de Libre por convicción Independiente de Hidalgo están sentados tres campeones mundiales de kali eskrima. Ana Arriaga, primera mujer mexicana en competir y ganar un título en esa justa; Eduardo Palomares, monarca en dos ediciones de la competencia; y Aldo Montiel, doble oro en Filipinas. A este grupo se une Enrique Espinosa, quien logró el metal dorado en la categoría de 50-60 años, además de una plata y un bronce.

Aldo, universitario y campeón mundial

La historia de éxito de este grupo inició hace ya más de una década, cuando Eduardo Palomares llegó a Pachuca y al no encontrar una escuela de eskrima que llenara sus expectativas comenzó a entrenar al aire libre en el parque Pasteur.
De repente la curiosidad de las personas que pasaban por ahí comenzó a forjar la cadenita que, tiempo después, redituó en un grupo pequeño, pero de nivel, que este año alcanzó su punto más alto en el Mundial de la especialidad, el que para las y los practicantes de esa disciplina solo se equipara a unos Juegos Olímpicos.
Así llegó Aldo a formar parte del equipo hace ocho años. En aquel momento era alumno de preparatoria, aunque no se la tomaba muy en serio, reconoce. Eduardo fue quien le puso las reglas claras: si quería ser eskrimista debía comprometerse al 100 por ciento, no solo como deportista sino como persona y en su formación integral.
Y lo hizo. Terminó la prepa abierta y después ingresó a la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo para estudiar la licenciatura en biología. Actualmente se encuentra en los trámites para la titulación. En ese tiempo no dejó los entrenamientos y su momento llegó este año, cuando asumió el reto de ir al Mundial.
Para Aldo, llegar a Filipinas fue una odisea. Primero, le negaron la visa un par de ocasiones; la consiguió hasta unos días antes de la fecha de salida. Después, la cuestión de los recursos.

La economía de un estudiante a veces no le da para estas cosas, pero pude conseguir un apoyo de la Secretaría de Gobernación para ir y tuvimos una preparación muy intensa de seis meses y gracias a que soy universitario pude hacerla porque el acceso al Ceuni me ayudó muchísimo.

Más que las medallas, Aldo señaló que la experiencia más importante que tuvieron en Filipinas fue la conexión que hicieron con los lugareños, niños de escuelas locales, deportistas de otras nacionalidades y turistas que conoció en el hostal en el que durmió. La cercanía que tuvo con la gente local le ganó el mote del campeón del pueblo.

El oro es impresionante, pero rescato esa parte de amistad, de respeto que se dio con los niños de las escuelas, que gritaban ‘Aldo, Aldo’, en mis competencias, al final me alzan la mano y los niños se forman y te saludan, a la fecha me acuerdo y me da escalofrío, eso es lo que te cambia.

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Emma Fermín
Egresada de la UAEH, reportera deportiva. Siete años en el medio, y los que faltan. E-mail: [email protected]